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jueves, 24 de marzo de 2011

La llamada del mar

[Imagen tomada de www.fondospantallagratis.com


—Un día me armaré de valor, empaquetaré mis cuatro trastos y tomaré el primer barco que zarpe a cualquier parte.
            Lo dijo con ojos soñadores, fijos en el horizonte que, en aquel momento, a la caída de la tarde, se dibujaba entre tonos grises, anaranjados y violetas. Lo dijo al compás de las olas que rompían contra el espigón, mansas, monótonas, obsesivas… No lo creímos. Demasiadas cosas le unían al pueblo: su madre, su novia; su padre, interno en una residencia por culpa del alzheimer; un trabajo estable en el ayuntamiento…
            —Tú lo que eres es un soñador —apuntó el Nano—. De aquí no te mueves en tu vida. Como todos nosotros.
            —Es probable… —dijo, con un tono apagado; como quien se confiesa.
            Armando pidió otros vinos, y alguien contó un chiste, y volvieron las risas y la chirigota. Y también él pareció olvidarse de aquel repentino afán viajero.
            Dos días más tarde, al ir a hacer la habitación, su madre encontró en la mesilla de noche una nota de despedida. Aquella misma madrugada había zarpado en un carguero griego, rumbo a Hong Kong. Como si algún extraño mal lo hubiese poseído, partió sin más adioses: sin una palabra a su novia, sin un saludo a sus amigos. Jamás volvimos a saber nada de él.
            Hoy, después de tantos años, con los padres ya en el cementerio, la novia con su vida rehecha, y la pandilla cada cual por su lado, lo he recordado mirando el horizonte: la misma luz que aquel día, el mismo rumor de las olas. Hasta que la noche ha pintado todo de sombras: encapotado el cielo; sin rastro de estrellas. Sin rastro de Martín, disuelto en el tiempo y la distancia. Sólo un nombre que un día tuvo rostro, voz y sueños. Hasta que estos y los caminos del mar nos lo arrebataron para siempre. Para siempre.
            ¿Con qué secretos?

8 comentarios:

  1. Quizá no hubo secretos... tan sólo perdió la cabeza por "Aventura" y... se dejó llevar...

    Me quedo con ganas de más.

    Bien traído, compañero.

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  2. Luisa, habrá segunda parte, desde el otro lado.

    Se agradece, como sabes, la visita.

    Un abrazo.

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  3. Muy buena la primera parte e imagino que la segunda vendrá tan cargada de emoción como ésta.

    Seguro que habrá algo que me resulte familiar.

    Hermoso también el "Poema para reconocer poemas" que es a la vez un reconocimiento de tu amor por la poesía con el que tus lectores también nos identificamos.

    Del cocineto, solo decir que es toda una lección. Me encanta nevarlo todo de perejil :-) Ya tengo las alcachofas y me pondré a ello hoy mismo.

    Y que decir de esos versos cortos tuyos, pensamientos, haikús, mariposas reflexivas de claros colores. Son para suspirarlos.

    Como siempre, pasear por tus últimas creaciones ha sido un largo disfrute de lo que tanto nos gusta.

    Un gran abrazo, amigo.

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  4. Estimado Antonio:

    Si misterios tiene el mar, más el hombre.
    Este relato me ha gustado y mucho, dices:
    "Sin rastro de Martín, disuelto en el tiempo y la distancia. Sólo un nombre que un día tuvo rostro, voz y sueños. Hasta que estos y los caminos del mar nos lo arrebataron para siempre. Para siempre.
    ¿Con qué secretos?"

    Tal vez, para Martín, tras su marcha, fue cuando encontró su lugar, sus sueños, el barco de su vida llevado a la orilla del destino que solo navegaba en su interior. Por otro lado, existen ocasiones que obligan a guardar nuestros secretos y no compartirlos ni con el más íntimo amigo.

    Ha sido todo un hallazgo leerte.

    Recibe mi más cordial saludo.

    Cris.

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  5. Vaya prosa más interesante: bien narrada, con misterio, agilidad, soltura, poesía... El mar arrebata pero lleva y trae; mata y resucita... A saber!
    Un abrazo

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  6. Amigo Manolotel, te comento por partes:

    Hay una segunda parte del relato escrita, en este caso, narrada por el "aventurero". Sin embargo, ya montada en el blog y programada, he decidido eliminarla. Creo que, de esta forma, el final queda abierto y a la libre imaginación del lector; en caso contrario, me temo que mi torpeza había limitado el vuelo del relato y, sinceramente, me parece que no haría otra cosa que estropearlo. Así pues, quédese como está.

    Me alegra que hayas coincidido en, como tú dices, "el poema para reconocer poemas", pues define, creo yo, con bastante aproximación mi relación con la poesía y, acaso, la de más de uno. Veo que también es tu caso.

    Sobre el cocineto, que a más de uno le parecerá una pérdida de tiempo en esto de la Poesía (igual que los chisnetos), decir que siempre es un grato divertimento el tratar de ajustar una receta o un chiste a los "dichosos" catorce versos. Ahora sólo queda saber si hecho el guiso salió de tu agrado.

    Por último, agradecer tus elogios hacia mis textos, sin duda obra más de tu generosidad que del acierto de aquéllos.

    Siempre es un placer recibirte en este rinconcito.

    Un abrazo.

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  7. Cris, en primer lugar, bienvenida a este espacio. Sin duda, tus palabras son atinadas y, como afirmas, existen ocasiones que obligan a guardar nuestros secretos. Esa es una de las razones por las que he decidido dejar en el cajón esa segunda parte, como le digo a Manolotel. Y, efectivamente, es la razón principal que, a mi juicio, sustenta el meollo del relato.

    Espero verte más veces por aquí.

    Un cordial saludo.

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  8. Esmeralda, gracias por tu apostilla, sin duda precisa y oportuna.

    Un abrazo.

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