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jueves, 3 de marzo de 2011

Soliloquio (*)

[Imagen tomada de la página http://www.igooh.com/]


Hubiese preferido que estos versos
que dicta la memoria entre la niebla
del tiempo y sus lejanas catedrales
fuesen como un lugar aún sin la huella
de ningún visitante inoportuno.
Pero ya que mi ansia
los arrojó al capricho de las olas
sin posible retorno a mi morada;
ya que en cada fonema los latidos
del hombre que dictó su arquitectura
permanecen, oscuros,
quieran los dioses —si los hay— que lleguen
hasta algún puerto azul y hospitalario
en el que alguien los tome como propios,
los acune en su voz y los resguarde
del óxido y el ácido del tiempo,
de modo que, a su modo, 
vuelva a tener sentido mi palabra.

Y terminó el poeta: Abracadabra.


(*) Del libro: En lento descender.

4 comentarios:

  1. El niño escapa del mapa del sueño, prefiriendo ser fantasma a coordenada. Solo el mar rebelde vuelve al segundo perdido por la (ola/hora). Allí donde la orilla nunca deja de moverse. Ni la palbra de rejuvenecer. Besos Antonio.

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  2. No será necesaria "abradacabra"
    ni ningún sortilegio necesario
    para acoger con mimo la palabra
    nacida desde el verbo corolario.


    Desparrama tu voz… siempre habrá manos dispuestas para acunarla.

    Besos.

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  3. Puedo entrar en cada uno de tus temas y en todos decir....bravo, MAESTRO, siempre MAESTRO.

    Los recuerdos de la infancia sobre todo, esos duendes que nos tocan la cabeza de vez en cuando, son parte de esta hermandad de poetas devenidos en manecillas de un reloj que con harta frecuencia vemos como se apresura sin permiso nuestro (pero al menos estamos ahí para darle cuerda todavía!!!)

    Un abrazo,
    Lily

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  4. Eli, Luisa, Lily: gracias por vuestras amables palabras.

    Un abrazo a las tres.

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