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domingo, 27 de marzo de 2011

Vivir


Nadie se queda aquí —dijo mi abuelo,
bebiendo de una jarra de cerveza—.
Pero en tanto picamos el anzuelo
con que la muerte pesca, la certeza
de vivir esta vida es suficiente
si podemos gozar con nuestra gente.

Yo jugaba a su lado, un poco ajeno
al grupo, a la cerveza, a su sentencia.
Pero aquella semilla de su ciencia,
prendió en mi corazón como el centeno,
y sigo su enseñanza. Así celebro
el tiempo que a la muerte le requiebro.

2 comentarios:

  1. Entrañable, Antonio. Y con una factura deliciosa para el lector.

    Besos.
    laura

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  2. Gracias, Laura.

    Te contesto con retraso al haber andado de viaje por tierras portuguesas y galáicas.

    Un abrazo,

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