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martes, 19 de abril de 2011

Apuntes de viaje (14)

[En la imagen: Mitin en Avda. Central]


25.-

            Antes de iniciar este viaje, a raíz de la dimisión como presidente de la República Portuguesa de José Sócrates, un buen amigo advertía al viajero que iban a un país sin gobierno, algo que, en el fondo, no les parecía mal. Pues, a pesar de que los ciudadanos se empeñen en continuar eligiendo cada cierto tiempo a sus representantes políticos, a la vista de cómo va el mundo y del socavón financiero mundial producido, no precisamente por la clase trabajadora, quien más quien menos llega a preguntarse si no sería mucho mejor dejar que cada nación —chalupa, carguero o transatlántico— navegase al capricho de las mareas, que quizá de este modo, aun con sus riesgos, no le podría ir mucho peor. Además, puestos en esa tesitura, habría que considerar el gran ahorro de la Hacienda Pública, al no tener que hacer frente a sueldos de políticos y altos funcionarios que, visto el panorama, no parecen, salvo honrosas excepciones, demasiado eficientes. En fin, aparte estas disquisiciones del viajero, que parece haberse levantado filósofo, lo cierto es que están en un país, hoy por hoy, sin gobierno. Ellos miran a un lado y a otro, en las calles, los mercados, los bares, los cafés, los comercios de marca…, y todo parece ajustarse a un… ¿cómo lo diría? Sí, a un latido armónico que no se diferencia del que observarían hoy, a esta misma hora, en cualquier calle, mercado, bar, café o comercio de marca del país que dejaron atrás hace menos de setenta y dos horas, y en el que volverán a estar mañana, cuando el sol marque esta misma sombra, hora arriba, hora abajo. Es el latido de una ciudad que se despierta, que trabaja, que reza —porque aquí, ya se ha visto, se reza— y que, en definitiva, lucha por sobrevivir; a ser posible, en paz y armonía. Pero quizá no hubieran caído en la cuenta del desgobierno en cuestión de no ser porque, próximos a la Arcada, se congrega un grupo de apenas un centenar de personas en torno a alguien que, megáfono en mano, habla sobre el momento actual del país y de la situación de los trabajadores; más concretamente, de los campesinos. No es que el viajero entienda a la perfección lo que el hombre pregona, pero le es suficiente con captar unas cuantas frases y palabras sueltas para darse una idea aproximada de su discurso. Por lo que se ve, según advierte con cierta vehemencia, deben defenderse de las exportaciones españolas, que asfixian —dice— la comercialización de los productos nacionales. También dice algo de la Comunidad Europea, de Bruselas..., pero ellos ya se alejan, dejando al hombre con la palabra en la boca. El viajero, a tenor del número de los allí reunidos, tiene la sensación de que el orador, político o sindicalista, predica en el desierto.   

4 comentarios:

  1. Visto lo visto, no sería mala idea esa de dejar que cada cual haga la travesía por su cuenta y se encargue de atender solamente a sus remeros.

    El fracaso de este sistema (pez gordo se come al chico) no es tal, ya que es evidente que lo único que nos mueve es la inercia... hacia nuestra mudez extrema. ¿Y por qué?... porque en la escala todos somos un poco o un mucho "pez gordo" y... ¡quién venga detrás que arree!

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  2. Sí, totalmente de acuerdo con lo que apunta Luisa. Siempre es lo de que "el que venga detrás que arree".
    Buenos apuntes de viaje, Antonio.

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  3. Luisa y Ángeles: como bien apuntáis, parece que es congénito al ser humano aquello del dicho, "el que venga atrás..." (atrás, decimos por aquí, en vez de "detrás"; a fin de cuentas, matiz sin importancia, que ni quita ni pone al fondo de la cuestión). Y así nos va. Siempre que salen a colación asuntos como este, en el que va implícito el progresivo deterioro del planeta, me acuerdo de la famosa carta de Sitting Bull al Presidente americano; verdadero ejemplo de comunión con la Tierra y sensibilidad ecologista. Más valiera que muchos de los que se enriquecen a costa de un lento e irremisible deterioro del planeta, la leyesen a menudo y sin tapar la nariz a su conciencia... Bueno, que me parece que me voy un poco del tema, aunque, en el fondo, todo venga a ser una parte del Todo. En fin...

    Un abrazo a ambas. Seguimos viajando.

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  4. Me tienes alucinada con tus reseñas. Los gobernantes portugueses responsables del turismo en su país deberían pagarte por esto. Claro que, están bonitos los gobernantes para atender pagos razonables...

    Sobre la forma del dicho popular, por aquí siempre se ha dicho de esa manera; supongo que el significado es el mismo y lo que me sorprende es justamente esa difirencia cuando mi tierra con la tuya, como ya hemos comprobado muchas veces, se asemejan en muchísimas cosas. ¡Será la excepción que confirma la regla! :)

    Te sigo, aunque a pasito de tortuga

    Es un placer.

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