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jueves, 21 de abril de 2011

Apuntes de viaje (16)

[Imagen: Largo do Paço]
 
27.-


            Tiene Braga el sabor de las ciudades atlánticas ligadas a la lluvia; el sabor de la piedra en calles y edificios; el de las galerías acristaladas, desde las que mirar cómo pasan las nubes; el sabor del tiempo sosegado y la palabra dicha a media voz. Tiene ese rumor —por calificarlo de algún modo, quizá ambiguo— que el viajero antes percibió en ciertas ciudades gallegas: en Santiago, en A Coruña… De modo que, por estas calles, ambos se sienten a gusto y, para nada, en un país extraño. Eso sí, les sorprende la cantidad de plazas dispuestas en este sector de su trazado urbano; la armonía que aportan, y con la que acogen al paseante. Diseñadas en cuadrados o rectángulos, más o menos regulares, se suceden tras cada calle, de tal forma que siempre, tomen la dirección que tomen, acabarán por desembocar en una de ellas. Hasta entonces, despreocupados de un tráfico que por aquí no circula, se benefician de la sombra de estas rúas mientras demoran su mirada en los coquetos edificios de no más de tres plantas, casi todos con balcones de repujada forja, alicatados en sus fachadas por baldosines cerámicos de hermosas orlas y colores, similares a los que vieran en Oporto. Como en la ciudad de O Douro, también, en más de un caso, con visibles señales de abandono. 

[En la imagen, detalle de fachadas de una de las calles de Braga]

Llegados hasta aquí, conscientes de que su paso por Braga será meramente testimonial y de que se irán de ella con suficientes argumentos como para volver con más calma en cuanto la ocasión se presente, los viajeros se olvidan del plano que les facilitaron en Turismo y se dan a un deambular gozoso, abiertos a la sorpresa ante el descubrimiento de una nueva plaza, un nuevo templo, un nuevo y mínimo detalle. Da gusto andar así, fuera del tiempo, cómplices y un poco peregrinos; aunque de esto último, en rigor, no haya nada, pues ni se desplazan a pie, ni llevan mochila ni cayado, ni su destino final es Compostela. No obstante, un poco peregrinos sí se sienten, aun cuando su emoción no provenga de un sentimiento estrictamente religioso y sí humano, fruto de esa sociedad que formaron hace unos cuantos años y les pone en camino cada día hacia la claridad más deseada. Así se les ve ahora por Rúa do Souto, ante el Paço Arquiepiscopal dos Braganças, en el Largo do Paço, frente a la Cámara Municipal…, todas, construcciones barrocas y sobre las que el lector interesado podrá hallar información en las guías al uso. Aquí, baste decir que los viajeros disfrutan en su contemplación, admiran su belleza y recuerdan, como tantas otras veces durante la travesía, a sus hijas, con quienes les gustaría compartir estos momentos gozosos del viaje.   

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