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sábado, 23 de abril de 2011

Apuntes de viaje (18)

 [Escudo cardenalicio, tallado en una de las piedras]
29.-

            Traspasada la puerta de la Sé no dan directamente al templo, sino que acceden a un patio enlosado en el cual, junto a la fachada de la iglesia, se amontonan piedras, algunas talladas, con restos de verdín; vestigios, quizá, de edificios o monumentos desaparecidos. Aquí puede observarse un escudo cardenalicio; ahí un rostro que no parece corresponderse con ninguna representación cristiana ni católica, probablemente, anterior y pagana; más allá, un par de pilas de agua bendita, que acaso ya olvidaran la leve tempestad formada por la mano al rozar apenas el líquido elemento. Y más piedras: sillares, capiteles, fragmentos de columnas… A la vista de ellas, el viajero recuerda los versos de Cernuda: Silencio y soledad nutren la hierba / Creciendo oscura y fuerte entre ruinas… Y no porque aquí crezca la hierba, que, como se ha dicho, el suelo está enlosado; ni porque la Sé, como tal, esté en ruinas, que tampoco; sino porque, a la postre, la memoria del verdín en las piedras invita al ensueño. Un ensueño donde la decadencia y el rumor del tiempo se abren paso por detrás del viajero, que deja volar su imaginación para traer, y no es mala cosa, los versos del poeta sevillano. 

[Rostro en piedra]

          Desde este patio puede accederse al claustro, acristalado y acondicionado a los tiempos, lejos ya de aquellos años en los que la humedad y el frío campearían a sus anchas. Aquí, una muestra de más restos arquitectónicos se expone a lo largo de sus cuatro costados, ocupados ahora por un grupo de excursionistas que van y vienen y lo invaden todo, y hacen poco atractiva la visita. Los viajeros, entonces, acceden a la iglesia, donde, en esos momentos, se celebra una misa. Algunos fieles, advertidos de su presencia por el retumbar de los pasos en el pavimento, vuelven las caras hacia ellos. Sin que lleguen a decir nada, basta su gesto admonitorio para que los viajeros entiendan que su irrupción en el templo no es bien recibida. Así, tras una breve ojeada desde la puerta, salen de nuevo al claustro, y de él a la calle en busca de la fachada principal del monumento, donde, como Dios manda, también cuelgan sendos pendones referidos a la Semana Santa. 

 [Fachada principal de la Sé]

            Como tampoco quieren entretenerse más de la cuenta, no esperan a que la misa termine para volver a entrar; bien al contrario, el hecho de no haber visitado la Sé con mayor detenimiento, es una nueva razón para regresar a Braga en cuanto sea posible. Con esta idea, caminan otra vez sin necesidad de plano alguno, aunque bien orientados, hacia el vehículo. Es hora de ponerse nuevamente en ruta.

2 comentarios:

  1. Querido amigo me has hecho recordar tiempos no muy lejanos, casi recientes de mis viajes a Portugal, pero que se hacen casi olvidados por la poca esperanza de volver, 20 años corriendo sus paisajes y las calles de todas sus ciudades, sus palacios templos y monumentos que se encuentran al rebasar cualquier esquina, hoy caben en mi pañuelo. Cómo cambia la perspectiva de los recuerdos cuando sabes que volverás al lugar en dos meses.
    Portugal casi era mi casa, un pueblo hospitalario y sencillo, algo o mucho menospreciado por los españoles cerrada la frontera de la cordialidad entre vecinos sobre todo durante el franquismo.
    Y es qué para conocer un pueblo y sus gentes debe convivirse con ellos.
    Nos cuentas de Braga, la mayor y hermosa ciudad más al norte de Porugal a unos cien Km de la frontera de Tuy, ufff, pasaríamos el Miño para encontrarnos en Guarda, se dice que desde arriba de Santa Tecla se aprecia la mayor vista de Europa.
    Bueno, Antonio, me salí de madre por los recuerdos que me traes con estos viajes, pero te lo agradezco mucho porque esas tierras y las de Galicia las viví con placer e intensidad, de los mejores años.
    Un abrazo, amigo.
    ..................Carlos

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  2. Amigo Carlos, a tenor de tus palabras, creo que coincidimos en ese afecto por Portugal y sus gentes, así como por Galicia. La zona de la que hablas, Tuy, A Guarda, Santa Tecla, Valença do Minho... la conozco bien, ya que la he visitado en distintas ocasiones, siempre con especial agrado.

    Tienes razón en lo que expresas respecto a la relatividad de nuestros recuerdos. A veces, parecen que paisajes y ciudades los tenemos a la vuelta de la esquina; otras, aunque haga nada que los visitamos, a años luz de distancia... ¡Esta mente nuestra, tan caprichosa...!

    Gracias por la visita.

    Un abrazo.

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