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sábado, 9 de abril de 2011

Apuntes de viaje (4)

[Bacalao estilo Braga. Imagen tomada del blog "cocino en casa"]


13.-

            ¡Ay, el bacalao! En estos días de estancia en Portugal los viajeros lo toman en cada almuerzo. Y nunca es igual. Rebozado, a la plancha, al horno, estilo Braga, dourado… Se complacen en cada bocado; y, aún antes, desmontando los hermosos lomos lasca a lasca, en su justa medida de cocción y sal. Y para acompañarlo, nada mejor que un vinho verde, fresco, afrutado, con el cuerpo preciso como para no matar el gusto del plato, pero, al mismo tiempo, para reivindicarse en un maridaje (que dirían los entendidos, y quizá algo cursis) perfecto con tan generosa gastronomía. Tras un café (delicioso, por lo general, en todas partes) continúan la visita, ávidos de sorpresas y conocimiento.

[Una de las calles que baja a O' Douro]


14.-

            Oporto es una ciudad con una sola cuesta. Vayas donde vayas tendrás que subirla o bajarla, ya sea caminando, ya en Los eléctricos, ya en otro tipo de transporte. Los viajeros, esa cuesta, la han hecho siempre andando; a veces, con la respiración tan agitada que les ha obligado a detenerse durante unos momentos para recobrar el resuello. Sin duda, la más dura ha sido la subida desde la orilla del río hasta Praça da Batalha. Algo, si se quiere, absurdo. Pues nada mejor para salvar esa distancia que tomar el funicular y ascender tranquilamente, al tiempo que se contempla el panorama. Pero no, ellos han tirado para arriba por una callejuela adoquinada, repleta de contenedores de basura donde —ya se dijo— palomas y gaviotas disputan por imponer su dominio; una callejuela de casas antiguas, pobres, con balcones atestados de ropa tendida; con perros y gatos callejeros que pasean unos metros junto a ellos y luego se pierden, a lo suyo; con gentes que entran y salen de los portales sin prestarles la mínima atención, sin duda acostumbradas al transitar de los turistas que, en esta época del año, dicho sea de paso, no abundan en exceso.
Cuando coronan la pronunciada pendiente, por su satisfacción, cualquiera diría que han conquistado el Himalaya.

4 comentarios:

  1. Disfruté esta madrugada de sábado de tu paseo por las calles de Oporto y ni se diga lo que le ha gustado a mis ojos ver ese pedazo de bacalao..lastima que para desayunar seguro solo tomé café que si tuviera algo parecido a eso no me importaría si es desayuno o almuerzo..igual me lo como..
    Besitos..feliz fin de semana

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  2. Doña Bostezos, me alegra que disfrutase a trvés de mis palabras de las calles de Oporto, una ciudad que merece la pena visitarse. El bacalao, por supuesto, en ella y en cualquier otro sitio de Portugal, otra "atracción" más para cumplir con la visita.

    Un abrazo.

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  3. 13. Suscribo tus elogios del bacalao (o bacallau, como éste); ayer mismo, por tierras ebóricas, se me "apareció", en forma de tiznao, una rotunda y colorista tajada ante la que no tuve más remedio que rendir todos mis sentidos (aunque algunos, ay, mermados).

    14. Enhorabuena por esa hazaña escaladora digna de aquel Agostinho que tantas glorias diera al ciclismo luso (y además sin bici): leyéndote se me han reproducido la agujetas que me asaetearon durante varios días (y eso que era bastante más joven), tras una visita a esta ciudad que, como bien sugieres, se podría llamar A Costa..., topónmo en el fondo no muy distinto de O Porto y casi igual de apropiado desde el punto de vista topográfico.

    Sigo al paso, tranco a tranco y detalle a detalle, estas crónicas de un viaje pausado, a la antigua usanza, como debería ser, me parece, todo viaje que aspire a perdurar después de concluido el recorrido.

    Abrazos

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  4. Alfredo, es que, si hablamos de bacalao, da igual cómo nos venga en el plato. Me refiero a que da lo mismo la receta con la que se cocine, siempre que se ejecute con buena mano. Seguro que ees bacalao ebórico era para nota y sentó bien.

    En cuanto a lo de la hazaña escaladora, tampoco me gustaría exagerar. Puñetera, sí era la cuesta. Y agujetas, también yo tuve unos cuantos días, pero, bueno, tampoco nos vamos a apuntar medallas así como así, que igual hay lectores que piensan que el viajero es un atleta, y nada más lejos de ello.

    Lo del viaje pausado, dentro de las limitaciones de tiempo que teníamos para hacerlo, sí lo fue: no por mucho correr se abarca más. Al final, vimos lo que vimos (que fue mucho), y bien degustado; como merece esta ciudad, y no menos que merecen sus vinos.

    Un abrazo.

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