Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

domingo, 10 de abril de 2011

Apuntes de viaje (5)

[Vista de la Librería, desde la calle]

15.-

            Callejeando un poco a la deriva los viajeros han dado en la Rúa Flores, y allí, con una librería de viejo, Livraría Chaminé da Mota (Alfarrabista), según consta en el cartel manuscrito que, cogido con pinzas de escritorio, cuelga encima de la puerta de entrada. Ésta no se parece a Lello & Irmấo. No cuenta con su cuidada decoración, ni muestra la belleza de la arquitectura de aquélla, ni tiene la suerte de disfrutar de unas escaleras tan cinematográficas. Sin embargo, aquí, en esta calle algo a trasmano, lejos del mundanal ruido, los libros, legajos, grabados, discos de vinilo, revistas o partituras encuentran un lugar hospitalario, cálido; diría que amoroso. Los pocos clientes que están dentro —un hombre, ya maduro, a la entrada; y un par de ellos más al fondo, en la rebotica, según pueden comprobar los viajeros cuando pasan a ver— saben por qué están aquí; indagan con celo y todo el tiempo del mundo en los estantes, preguntan por algo muy concreto a los empleados, comentan con éstos sobre tal libro o cual revista francesa que habla de cine. Y a los viajeros les llegan los murmullos de las conversaciones: una cadencia suave de palabras, levemente silbantes y ajustadas a una antigua melodía, intrínseca a este idioma; algo así como un apacible rumor de olas batiendo contra una playa de arena, sin vestigio alguno de rocas ni acantilados.

[Detalle de la librería. El viajero, de espaldas, al fondo]


            El viajero también se entretiene entre los libros, hurga en los anaqueles donde, por lotes, se acumulan montones de resmas en negro sobre blanco. Casi por casualidad, da con un rincón de literatura en castellano: libros editados en los años cuarenta y cincuenta en España, casi todos de escritores adictos al régimen franquista. A punto está de preguntar por el precio de alguno de ellos, pero al final se arrepiente y sigue deambulando por la tienda. Así repara en algunas gramolas, aún en uso; en máquinas de escribir primitivas; en pesas y medidas, testigos, como todo aquí, de un tiempo ya pasado que, por momentos, parece regresar. 

[Máquina de escribir Mignon. Una de las muchas curiosidades que se exponen en este espacio]
 
             De nuevo en la calle, apenas dos o tres portales más adelante, otra librería. Aquí, la mercancía no está ordenada, como en Chaminé da Mota, sino que se acumula, tanto en los estantes como en medio de la tienda y en los escaparates, amontonada y revuelta, sin aparente orden. Así, los viajeros pasan de largo y siguen calle arriba. Platerías y abacerías se suceden en ambas aceras.

4 comentarios:

  1. A mí también me gustó mucho más esta -me lo avisó un amigo- que la archifamosa de los "irmaos".
    Donde, por cierto, casi no pudimos removernos del personal que había haciéndose fotos pero no comprando libros.

    Abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Tu danza tiene magia, es viaje que provoca lluvia. Tanteo de lo inalcanzable, conquistada la penumbra. Un abrazo peregrino.

    ResponderEliminar
  3. Elías, nosotros la descubrimos de chiripa, que no teníamos ni idea de que existiese. Fue todo un hallazgo y un disfrute el rato que pasamos curioseando en ella.

    Como en tu caso -ya lo he contado- a nosotros nos pasó algo parecido cuando visitamos la Librería Lello. De allí, al final, compramos un librito que tienen editado (en varios idiomas, por cierto) con la historia de la propia librería, y salimos como alma que lleva el diablo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Eli, una alegría verte de nuevo por esta casa. Los viajes, además de aportarnos conocimiento, nos dan la posibilidad de compartir experiencias. Con esa intención vamos desgranando estos apuntes en torno a una hermosísima ciudad... y a lo que después venga.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar