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jueves, 14 de abril de 2011

Apuntes de viaje (9) Adiós a Oporto: coda



            Pasear estas calles: arriba, abajo; fluir con el río; admirar la belleza de los puentes de hierro; recrear la vista en la azulejería que a un lado y otro sorprende a los viajeros; entrar en las iglesias y confirmar la soberbia del Barroco; abundar en fachadas y detalles... llevan al viajero a la reflexión y recuerda otros viajes de hace muchos años, cuando a su lado no había nadie con quien compartir tanto descubrimiento. Piensa entonces que cuanto ahora contempla hubiera sido distinto entonces. Y no porque el tiempo lo hubiese preservado de su lógico envejecer y fuera más lozano, no; lo piensa porque sin la complicidad de su mirada, la de ella, toda contemplación sería incompleta. 
          Y se enriquece en ese compartir, que suma y sigue en el camino a la felicidad.

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