Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

miércoles, 11 de mayo de 2011

Apuntes de viaje (36)

[En la foto, una de las imágenes más típicas de los Cañones del Sil]


47.-



            De vuelta al Parador, el tráfico, como durante todo el día, sigue siendo mínimo. Apenas unos cuantos coches con los que se cruzan, y alguno que los adelanta, conforman toda la circulación de este primer sábado de abril, todavía tranquilo en cuanto a turistas y viajeros se refiere. Ya vendrá el verano, como decía un antiguo eslogan acuñado en los años sesenta o principios de los setenta. Entonces, los visitantes, atraídos sobre todo por la posibilidad de viajar en catamarán por el río Sil, aumentarán significativamente, y tanto los establecimientos hoteleros como estas silenciosas carreteras verán, durante unos meses, alterada su tranquilidad. Bendita alteración, por otra parte. Pues no cabe duda de que este turismo, apenas existente unos años antes, posibilita la diversidad de actividades y aporta beneficios económicos a la zona. Ahora, sin embargo, todo es paz y sosiego. Y de ello disfrutan los viajeros, como lo han hecho durante toda la semana. Por otra parte, el tiempo, acaso para recordar hazañas pretéritas, cuando iba a la contra de los pronósticos de los meteorólogos, ha hecho, valga la expresión, de su capa un sayo, y donde dijeron nubes y borrascas él ha puesto sol y azul en las alturas. Así, conforme la tarde avanza, los nubarrones que cubrían el cielo esta mañana han seguido su vuelo rumbo a otras latitudes, y el riesgo de tormentas —que los viajeros imaginan terribles en medio de estos montes y bosques— se ha diluido por completo. Podrían, conforme restan kilómetros a Santo Estevo, detenerse en los miradoiros sobre el Sil que les quedan al paso y absorber un poco más de esa paz que parece dispuesta para ellos en cada uno de los cenobios y lugares visitados. Sin embargo, dan por terminada la excursión y siguen —curvas van, curvas vienen— subiendo y bajando montes, atravesando aldeas, observando socalcos…; sólo detendrán el coche junto al miradoiro de Cabezoás, en el Concello de Nogueira de Ramuín. Desde allí, volverán a repetir la misma foto que hicieran ocho años antes: seguramente, una de las imágenes más captadas de estos parajes. En ella, el reptil verde-gris del río serpentea, mientras un animal de piedra, enorme, de aspecto mitológico, cuyas patas se hunden en las aguas, parece husmearlo y lo observa con el gesto aburrido del que conoce lo que ha de venir, sin que haya lugar a la sorpresa. Desde su atalaya, más allá de las ensoñaciones a las que puedan darse, los viajeros, con los pies en la tierra, creen ver en la piel del saurio una película discontinua y grasienta, quizá consecuencia de una contaminación que también aquí, por extraño que pueda parecer, se manifiesta. Lo comentan. Y, como para convencerse de lo contrario, apuntan la posibilidad de que lo que ven como una luenga mancha sea sólo el efecto óptico producido por las sombras de rocas y arbustos que flanquean el paso de las aguas. Con esa esperanza, continúan en ruta. Más curvas, más aldeas. 
           Muy cerca ya del Parador, está el Mesón San Roque. Allí, con la tarde todavía luminosa, entran con intención de tomar unas raciones. Según se acercan a la puerta, antes de subir una pequeña escalinata, les llegan confusas voces de lo que parecen ser protestas, interjecciones de frustración, algún carallo… Al traspasar el umbral, los viajeros encuentran explicación al guirigay. Varios paisanos, en torno a una enorme pantalla de televisión, ven en ese momento cómo el Real Madrid pierde en su casa con el Sporting de Gijón; algo que, en la práctica, supone su renuncia definitiva a la Liga. En el Bernabéu, donde luce el sol, sí cae una tormenta de las de no te menees; aunque allí, en vez de rayos y truenos, y furiosos chaparrones, impere la impotencia y la mala sangre. Por aquí, observando a los hombres, al parecer madridistas, también se diría que hay marejada. Se ve que cuantos asisten al espectáculo no saben todavía que sólo es fútbol.       

No hay comentarios:

Publicar un comentario