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viernes, 20 de mayo de 2011

Sombra que me enamora

[Fugacidad. © C.E.L.]


De pronto, la palabra
me convoca a una cita.
Yo acudo. Me recibe. Conversamos.
Y en un abracadabra
queda en el aire escrita
la sombra de una Sombra que soñamos.

La Sombra me enamora
—toda sombra es misterio—
y yo salgo al reclamo de su estela.
Y aunque mi voz explora
no exenta de criterio,
la Sombra en sombra sólo se revela.

A veces, de repente,
en un signo, un viseo,
una sombra fugaz se transfigura
en la Sombra silente,
la Sombra que deseo,
la Sombra que se oculta en su espesura.

Entro en el laberinto
donde la Sombra mora
y me pierdo en el ruido de mis venas.
Me valgo del instinto
y busco en lo que aflora
entre légamos, llantos y azucenas.

El afán del poeta
—y, tal vez, su castigo—
consiste en arrancar luz de esa Sombra.
Y juega a la ruleta
con tan fiel enemigo
para, al fin, desnombrar cuanto no nombra.

3 comentarios:

  1. Precioso poema, Antonio, esta casi sextina, que no sé si corresponde a alguna estrofa canónica o es una variante personal. En su cadencia, con esa combinación de heptasílabos y endecasílabos, en algo recuerda la agilidad de las liras (qué ligeros simpre los pies quebrados) y el lenguaje tiene un claro sabor clásico, juancrucista por más señas. Pura música. Enhorabuena. Un abrazo.

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  2. as sombras da vida são escadas, são edifícios sombrios construídos em cimento e grafite, às vezes nossos caminhos são vazios e os medos que carregamos pela vida afora...
    muito bom o que aqui encontrei.
    abraços

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  3. muy hermoso poema. coincido con alfredo en la cadencia que le imprimes y que embelesa (a falta de una palabra menos cursi) es un constante fluir de música pura... y el compás final, un verso soberbio.
    un abrazo

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