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miércoles, 15 de junio de 2011

El Escollo

[Imagen tomada de Viajesbenasque.com]


            A veces, cuando leo una novela —una novela que me gusta mucho, que me atrapa desde sus primeras líneas— llego a un punto en el que continuar exige de mi esfuerzo. Algo así como si ascendiera por una montaña y, de pronto, algún saliente me impidiese el paso, y yo tuviera que ingeniármelas para salvar el escollo. Leo entonces con más atención, con mayor interés. Las páginas se resisten y a mí me cuesta avanzar. Hasta que, de repente, una frase me reconcilia de nuevo con el texto y todo vuelve a ser fácil y fluido. Así también la vida.

2 comentarios:

  1. Es verdad eso que dices de que hay lecturas que no se disfrutan sin esfuerzo, quizás las más fecundas. Pero tampoco pasa nada por abandonar un libro insoportable, ¿no crees? A veces me he encontrado con lectores de moral calvinista que no entienden la lectura sin sufrir y que se imponen como norma llegar siempre hasta el final, aunque sea a costa de dejarse algo más que la piel (mapa sensible) en el escollo. Un abrazo y felices lecturas, aunque no siempre sean placenteras sin más.

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  2. Con este texto, escrito hace ya unos años, me tropecé el otro día, en una de esas tareas periódicas de poda; coincidiendo, además, con mi lectura de 2666, de Roberto Bolaño, que acabo de terminar. Al releer mis palabras me pareció que reflejaban con bastante precisión lo que estaba siendo mi paso por esas 1121 páginas de la novela, que, dicho queda, me ha gustado "muy mucho".

    Sí estoy de acuerdo contigo en que a veces más vale dejar la lectura de un libro, y a otra cosa. Que hay mucho por leer y siempre falta tiempo para ello.

    De todas formas, en cuanto al texto se refiere, creo que no habría que obviar la frase final, que sitúa esa necesidad de esfuerzo también en el día a día. (O, creo, que por ahí debía ir yo en el momento de escribirlo.)

    Un abrazo.

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