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jueves, 30 de junio de 2011

Frente al papel en blanco

[Imagen tomada del blog El escritor, el lobo y la sombra: http//loboest.wordpress.com/]

Me asombra cómo a veces, frente al papel en blanco, pluma en ristre, puedo permanecer horas y horas: escribir y tachar y volver a escribir. Y así pasar la tarde o la mañana, ajeno a lo que ocurre en derredor. Otras veces, en cambio, la estilográfica parece que estuviera cargada de eléctricos latidos, que el blanco del papel deslumbrase como un sol despiadado y maligno. De modo que huyo de su lado como alma que llevase el diablo. He aprendido que no siempre, movido por el placer, ha llegado a buen puerto mi escritura. Y que escribir es un acto también de voluntad, de esfuerzo y, acaso, de dolor. Por eso, últimamente, me empeño en dejar manchas de mí mismo casi todos los días. Me plazca o no me plazca.

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