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viernes, 1 de julio de 2011

Del valor de la alquimia

[Imagen tomada de turismolamancha.blogspot.com]

 

            Como un alquimista. Así me siento cuando, ante los fogones, dispongo aceite, ajos, cebollas, pimientos, calabacín… y sofrío despacio, a fuego lento, muy lento. Veo cómo se entremezclan los colores y aromas; cómo, durante la fritura, las hortalizas adquieren brillo, se ablandan, se abandonan al valor del fuego. Al alcanzar la sazón adecuada, incorporo el tomate, sin piel, bien picadito. Una cucharada de azúcar, unas vueltas, y a dejar que reduzca. Para entonces la cocina huele a huerta y a festín anunciado. Dejo cocer. A fuego lento. Sin prisas… Cuando los alimentos acaban por ser uno, rectifico de sal. He terminado. Y sí: lo llaman pisto.

2 comentarios:

  1. Tenía este plato, que nos acompaña desde niños, al hilo de su nombre una rima fácil y contundente, que me ahorraré por impropia, y porque no estaría a tono con la suculencia de la imagen y mucho menos con el cuidado ritmo lento de la preparación. Como debe ser. ¡Buen provecho!

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  2. Pues así, a bote pronto, no doy con la rima. Aunque no creo que sea lo más importante ante un plato coo éste que lo que está pidiendo es un par de huevos fritos para acompañar.

    Un abrazo, posadero.

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