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jueves, 4 de agosto de 2011

Como cada verano

[Imagen tomada de: parkinsonteam.blogspot.com]

            Suelo cada año, cuando llega el verano, darme al silencio, abandonarme a la pereza y dejar que los días discurran, lentos y a su modo. Es la galbana, digo. Y con ello justifico mi apatía, mi incapacidad y mi desgana. Sin embargo, también en esos días, espesos y vacíos, una especie de magma dentro de mí se agita. Y el poso de mi vida —de mi ayer, de mi hoy, también de mi mañana—, informe todavía, comienza a tomar cuerpo, a revelarse lentamente. Hasta que, llegado el otoño, pugna por mostrarse (por mostrárseme). Con las primeras lluvias, de nuevo, me dispongo a escribir.

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