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viernes, 14 de octubre de 2011

Elías Moro, o la generosidad personificada


Me despierto con un hormigueo tenaz en el estómago. No, no es hambre. Son los nervios, que, aunque parezca mentira, ya comienzan a avisarme de que esta tarde tendré que hablar en público. Presento —presentamos— en Toledo Fragmentos de inventario, mi último libro, el primero en prosa. Muy querido para mí por lo que tiene de homenaje a mis abuelos, mis padres y hermanos, mis amigos; por lo que significa en ese afán de la escritura por recuperar y fijar el tiempo.
        Como digo, me despierto con cierta inquietud. Y me despierto pronto, cuando aún el sol no ha dado señales de vida en el horizonte y la noche todavía parece interminable. Así, en esa penumbra, sin dar siquiera las luces de la casa, enciendo el ordenador y abro el correo. A esta hora, normalmente, tras haberlo leído por la noche, suele haber poca cosa: publicidad sobre algún evento, una oferta de ordenadores o libros, el aviso de una factura electrónica, y cosas así. Hoy, en cambio, mi buzón tiene un correo distinto. En él, las palabras del amigo, espontáneas y generosas, vienen a mí para darme ánimo en este día, al tiempo que sirven de espléndido prólogo a la presentación del libro del que hablaré esta tarde. Son palabras de Elías Moro, hombre grande no sólo por su estatura, que también, sino, sobre todo, por su enorme corazón, su gran generosidad, su atención y cercanía sin límites.
El hormigueo de mi estómago se trueca en emoción, en agradecimiento, en —simplemente— expresión de amistad. Gracias, amigo; muchas gracias.

5 comentarios:

  1. ¿Hoy lo presentas? Mucha,muchísima suerte, Antonio. En cuanto a Elías, tienes razón, es fantástico.

    Abrazo.

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  2. Gracias, Paloma. Hoy es la alternativa en Toledo; la semana que viene, aquí, en Talavera, la confirmación, tal como dirían los taurinos.

    En cuanto a Elías, qué más decir...

    Un abrazo.

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  3. Gracias a los dos, amigos, por vuestras cariñosas palabras.
    En cuanto a tu libro, Antonio, es superfluo decirlo porque el libro lo merece de largo, pero esta tarde, y sguiendo el símil taurino, "suerte y al toro".
    Que nunca viene mal.

    Abrazos

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  4. ¡Toledo a tus pies, Antonio! No te quepa ninguna duda. Grandes ánimos y un fuerte abrazo doble. (Íbamos a estar allí, pero al final no puede ser. Nos veremos en Talavera).

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  5. Elías, Alfredo: qué más decir.

    Un abrazo a ambos.

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