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domingo, 13 de noviembre de 2011

Cien mil millones de poemas (y algunos más)



     Hago un alto en este camino de trasvases desde la web al blog para acercarme a ese precioso libro recién publicado por Editorial Demipage, Cien mil millones de poemas (Homenaje a Rayumond Queneau), y en el cual diez autores, desde Jordi Doce a Vicente Molina Foix, pasando por Rafael Reig, Fernando Aramburu, Francisco Javier Irazoki, Santiago Auserón, Pilar Adón, Javier Azpeitia, Marta Agudo y Julieta Valero, a soneto cada uno, dan cuerpo a este interesante y curioso proyecto. Sobre la idea y contenido del libro han sido varios los blogs que se han ocupado (ver, por ejemplo, La posada del sol de Medianoche o El blog de Álvaro Valverde en su entrada del 9 de noviembre, en donde puede verse el mismo vídeo expuesto más arriba). Fue a través de este último como supe de la existencia del libro y confieso el inaplazable deseo de poseerlo que sentí en ese momento, motivo por el cual lo pedí a la propia editorial sobre la marcha.
     Ayer llegó a mi casa, y abrí el paquete con la emoción de un niño ante su regalo el Día de Reyes. No me decepcionó. Bien al contrario, tanto su atractivo formato, como el contenido y peso literario de los sonetos recogidos, me confirmaron que había hecho una muy buena inversión. Luego está ese juego implícito en el libro, mediante el cual se invita al lector a escribir su propio soneto, algo a lo que no me pude resisitr, con este resultado: 

El músico en la calle se busca en un pandero
La luz de otoño apura su llama vespertina
Al tan-tan del pandero danza una bailarina
A su baile responde con ritmo el aguacero

El cielo es un mar turbio de algodón y de acero
La ciudad un mercado abierto en cada esquina
El hombre sólo un número que en sí mismo termina
El tiempo un reptil lento   paciente y traicionero

En esta calle angosta se confunde la gente
Choca entre sí   no sabe su fin ni procedencia
Olvidó su pasado y no entiende el presente

Apenas hay futuro más allá de la urgencia
La bailarina danza   sinuosa y displicente
No hay lluvia que la impida volcarse a su apetencia

      Ahora, a esos cien mil millones de poemas, también puedo yo añadir algunos cientos más. ¿No diréis que no es un verdadero juego? ¿No diréis que no es divertido?

2 comentarios:

  1. Te ha quedado redondo, Antonio.
    Intentaré conseguir el libro para jugar con él.

    Abrazo.

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  2. Elías, el juego no deja de ser divertido. Pero, aun sin él, merece la pena por la belleza de la edición y el contenido de sus textos.

    Un abrazo.

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