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martes, 8 de noviembre de 2011

Del verbo y la penumbra (1984)



Gratitud


A veces vine desde la piedra a ti.


Recorrí las regiones oscuras
donde acechaba atento el desconsuelo
y en ti lloré, deshabitado y solo,
mi agonía.


Tú me fuiste asumiendo la tristeza,
todo lo soportaste pacientemente, todo
cuanto ofrecí en aquel cáliz
que fue el oscuro sol de mi derrota.


Por eso es de justicia que ahora venga
dispuesto a compartir
contigo la esperanza,
que en ti
contemple todo con la mirada nueva
de quien tiene certeza de la luz.


(Así hoy vengo y siento
que cabe entre mis manos todo el mar.)





Página virgen


Nieve
            maternal horizonte
                                          barro sin forma
o líquido
               o paloma.
                               Senda sin huella aún
perímetro del alba
                             serena confidente
de la radiografía
                         de un corazón sonámbulo.

Mármol desconocido del cincel
                                                 ritmo del agua
pañuelo sosegado
                             al borde de la brisa
manantial sin retorno
                                 hacia el torpe país
de lo concreto
                       testigo o sepultura
de un vuelo desprendido
                                       en el instante
del dolor
                o el gozo.





Memoria


Desde los laberintos,
buscando el verbo, surge
la memoria:
                  rastro del tiempo
que pasó, no alcanza
a dar exacta forma a los recuerdos,
sino que alrededor
de su constancia propia,
                                     siluetas
deformes
                la confunden,
y niega la verdad
de lo cambiante.





Metáfora


Fugaz visión del cosmos,
                                        instante
donde la luz se torna
claroscuro,
                  túnel
en donde el alba se confunde,
y en donde la razón
se descubre a sí misma
en la ruta espiral del laberinto:
allí donde la ciencia
olvida la ecuación de su materia,
la exactitud compleja de sus formas,
y se transforma en agua
que a su albedrío
                            fluye
en libertad
para explicar el mundo.





Inspiración


1


A veces surges, fugaz constelación
de lo que siento,
                          desde las simas
de lo ya olvidado,
                             alzas
tu serena presencia hasta mi altura
y como siempre
                          vuelves a perderte.

Espejo de mi amor, el mundo,
puntual, se transforma cuando llegas,
y una constancia mágica de anhelos
ocupa así la voz
                          y la mirada.


2


Participo de ti, y en el banquete
que exige el rito de tu inmolación, afirmo
mi evidente torpeza, mi deseo
tan distinto de sí, tan sorprendente,
que hasta yo mismo ignoro su mitad.





Acto de amor


... Y sin embargo, a veces,
la palabra se acerca desde el viento,
surca los horizontes de la duda
y nos llega sencilla,
en su mayor pureza,
desnuda y tan hermosa
que tememos mancharla al acercarnos.


Es ella quien inicia
la feliz aventura del poema;
ella, la que se instala
en la página virgen sin aviso,
para así sorprendernos, y con ella
gozar de la belleza de sus formas.







¿Quién me podrá explicar ese misterio
del hombre ante el papel, desnudo, solo,
en titánico duelo con la duda,
en combate feroz con la palabra;
qué forma, voz o sueño
coloca al hombre solo ante la vida,
lo desnuda de sí, de su materia,
y lo abandona
                       a su propia suerte;
qué pócima secreta, acaso
qué brebaje dulcísimo
alguien hizo probar al hombre ese,
que después de ingerirlo no hubo antídoto
capaz de regresarlo a la cordura?





Consecuencia


Niego la luz porque la luz me ciega,
y me afirmo en la duda de dudar:
al fin, me reconozco
en la espiral del hueco que me ocupa
como ayer, como siempre,
inmenso de vacío:
contradicción de todos cuantos soy.





Fronteras


Del blanco al negro sólo un parpadeo:


tan sutil la distancia que niega
la luz de los conceptos.





Viaje


El ojo que pregunta en la mirada
se afirma en el camino,
no aquel que alcanza el horizonte
y desconoce el ángel de la luz.





Meditación final


Que no cierren las puertas de la luz
la adulación, la farsa ni el boato
que el mundo ofrece,
                                 ni el vértigo
de ser por un instante
el punto en que la piedra
las aguas del estanque
                                   sueña:


vanitas vanitatum será todo
si dejas al final de convivirte.

4 comentarios:

  1. "Del blanco al negro sólo un parpadeo"
    Me encanta tu poesía y disfruto cada una de tus palabras.
    Un saludo.

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  2. Qué vivos aún estos poemas, Antonio. Otros de los que vas dejando estos días también, pero estos me dicen más. Ese verso del parpadeo que señala la anterior lectora hace tiempo que lo tengo incorporado como una verdadera y precisa revelación (y tan interiorizado, que hasta en alguna ocasión he llegado a imaginarlo mío: derecho de lector). Ánimo con las recuperaciones, ya va quedando menos.

    Un abrazo

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  3. Carmen, sólo puedo darte las gracias. Es una suerte saber que lo escribimos puede ser disfrutado por personas que ni siquiera conocemos. Reitero gratitud.

    Un saludo.

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  4. Alfredo, la verdad es que al verlos así, libro tras libro, en procesión, a uno le dan ganas de enviar más de una entrada directamente a la papelera de reciclaje. No obstante, he querido ser fiel al pasado y mostrar esos otros versos que, parece, escribió otro.

    Coincido contigo en que éstos, podrían salvarse. Y ese "parpadeo", aún me sigue gustando. (guiño cómplice).

    Un abrazo,

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