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domingo, 27 de noviembre de 2011

En el camino (2)

[Sobrevolando el Canal de La Mancha © C. Elvira]]


          Escribir, lo que se dice escribir, no es flor de un momento, ni de un día, ni de unos días. No es algo producto del capricho ni la fugacidad. No una fuerza imanadora que arrastra hasta el papel y nos lleva la mano, pluma en ristre, desbordando palabras. Escribir es dialogar en el silencio con nosotros mismos: sin prisas, con la serenidad de quien sabe escuchar y hacerse oír. Es viajar a lugares que pueden ser posibles, recobrar escenarios que antes fueron porque ya los pisamos, o porque los alzamos con la fuerza, anhelo y tesón de la imaginación y del deseo. Escribir —como leer— es el resultado de un viaje. Más aún: es el viaje mismo. Y al final, su resultado, es como un horizonte que se nos muestra siempre, que nos reta a alcanzarlo y hacia el que vamos, convencidos, no obstante, de que, como toda línea que junta cielo y tierra, también a nosotros nos estará vedado. Pero, ay, mientras se llega o no, cuánto gozo y provecho en el camino.

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