Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

jueves, 17 de noviembre de 2011

En lento descender (1998 / 2005)



Desde mi mente hasta el papel
hay un camino que recorro:
blanco espacio de luz o sombra,
abierto siempre a lo innombrable.


Lo voy andando con palabras
que me enseñaron mis ancestros,
pero mis huellas son las huellas
de mis errores y mis sueños;


de mis pasiones y mis dudas,
mi escepticismo y mi entusiasmo:
todo, en un Todo indivisible,


en un boceto inacabable,
pues está en mí, en tanto sigo
restando, con mi suma, el tiempo.








Estoy ante la nieve de la página
escuchando el silencio.
Mi corazón se agita y por mi sangre,
a la deriva, fluyen los recuerdos.


Yo me miro en un cristal de fiebre
que me dicta palabras.
                                    Los espejos
me devuelven los gestos de un extraño
que conoce mi nombre.
                                    No comprendo
cómo el reloj desgrana, indescifrable,
los rincones del sueño,
ni cómo el galopar de mi memoria
va desangrando voces por mis dedos.


Estoy ante la nieve de la página,
que se convierte en barro
conforme me confieso.

2 comentarios:

  1. Una ocurrente y precisa confesión en un boceto inacabable.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. ¿No es ése, al final, el quid de la escritura? ¿La confesión reiterada ante nosotros mismos, siempre en busca de las palabras más precisas? Por aquí, en ello andamos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar