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lunes, 28 de noviembre de 2011

Es que van sin atar



       Suena el teléfono. Descuelgo. Al otro lado, alguien pregunta por un nombre. Le digo que se ha equivocado, que a qué número llama. Mi interlocutor responde que a cuál va a llamar, que al suyo, que a su casa. Y dice mi número; eso sí, sin prefijo. Le confirmo que es ése, pero que debe de haberse confundido de provincia. Entonces suelta un taco, dice alguna palabra que no entiendo y cuelga. Como si le hubiese ofendido.

4 comentarios:

  1. Como quiera que estaba convencido de llamarse a sí mismo, le desconcertó encontrarse con una voz que no reconocía. Dudó y se sintió traicionado por su sombra.

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  2. No estamos preparados para asumir un contratiempo.
    Abrazos

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  3. Pues sí, Enrique, tuvo que ser eso.

    Un abrazo.

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  4. Esmeralda, algunos, ni están preparados ni saben lo que es educación, simplemente.

    Un abrazo.

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