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martes, 29 de noviembre de 2011

La llama

[Imagen tomada de la Red]


La llama, al arder, respira.
Y ante el ojo que la mira
es la vida que se inflama,
pues lo mismo que la llama,
la vida, al final, expira.
Sin embargo, mientras arde,
vive y muestra en un alarde
de soberbia su fulgor.
Apenas un resplandor
que se ha de apagar más tarde.

4 comentarios:

  1. Magia subita e imborrable de la voz. Gracias por tu mirada, siempre aleccionadora y calida. Besos de pedernal a sol.

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  2. Clásica, silogística, equidistante, cerrada y, en suma, perfecta esta décima, Antonio. Sabe a puro siglo de oro. Un abrazo.

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  3. Gracias siempre, Eli, por tu atenta lectura y generosos elogios.

    Un abrazo.

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  4. Es lo que tienen las décimas, Alfredo, que a poco que las dejas, se te van tras la estela de Calderón, o Lope, o cualquier otro maestro del XVII. No es mal elogio tu comentario. Me lo quedo para vestir mi vanidad (guiño cómplice).

    Un abrazo.

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