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domingo, 6 de noviembre de 2011

Segunda soledad (1979)



LAS MAREAS


Se instalan entre mi corazón.
Son las mareas,
son las claras mareas, las profundas
y oscuras que me asaltan,
todas
viven en mí y se despiertan
con la noche o el día...
quién lo sabe.


Ellas me traen
su nombre y la esperanza,
o el recuerdo más negro
mientras fluyen mis venas.
Me habitan de repente
pensamientos azules,
y sombras
que me duelen,
y abanicos
de angustia...
Son las mareas,
las mareas
que inundan mis minutos
de tiempos que murieron
y me nacen,
de pronto,
cuando reina la calma.


Son las claras mareas
o las negras mareas...


El flujo y el reflujo
de un tiempo
que a veces
se despierta.






ELEGÍA BREVE


Acompasadamente,
sin ritmos exaltados ni fugas,
sin espejos,
el tiempo continúa
y su caballo corre
pasillos que ignoramos
hacia la luz
que viene.

Pero un vistazo atrás,
alguna sombra,
la luz de una plazuela, pongamos,
en febrero,
un carrillo de mano, una sonrisa,
algún viejo que cruza,
una voz, un silencio...
nos devuelve a los pasos de un ayer
que perdimos,
al corazón
del agua
y a los primeros juegos.


(Hay una pajarita
de papel
en un libro,
una niña de nieve
detrás
de un padrenuestro.)

De nuevo están ahí
las viejas esas:
enlutadas,
ariscas,
criticándolo todo;
y el obrador de dulces
con su aroma de harinas,
y un muerto en la memoria
y un perro
solo y viejo...


Acompasadamente,
sin ritmos exaltados ni fugas,
sin espejos,
el tiempo continúa
y su caballo corre
alejándose siempre
del centro
que nos llama.






SERÁS RECUERDO

Miraré atrás un día
y aún te veré
lejana en la distancia,
ajena a mi dolor,
caminando sin prisas.


Ya no tendrá importancia
tu paso lento y mío
tu silencio y tu mar
rompiéndose en mi espalda.


Serás
—tan sólo—
una mujer perdida en el recuerdo,
aunque tu nombre ondee
alguna vez
al viento de otro nombre.

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