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domingo, 29 de mayo de 2011

Hay días


[Imagen: ESTUDIO ©  Jesús García Martín]


Hay días en que siento
que una carcoma abunda en mis palabras,
que devora con hambre de cuaresma
adverbios y adjetivos,
que se hace dueña de los signos y
horada mis recuerdos,
horada mis deseos,
horada el armazón del calendario.
Hay días en que siento
que todo da lo mismo, que la vida
es un sueño poblado de carcoma,
un hueco sin sentido,
un hueco sin sustancia,
un hueco sin espacio que llenar.
Menos mal que a mi lado
tus ojos me desmienten, iluminan
mi corazón oscuro, certifican
que hay siempre una palabra,
que hay siempre una sonrisa,
que hay siempre un horizonte que aprehender.

sábado, 28 de mayo de 2011

En pie de guerra (contra la galbana)

[Imagen tomada de la página "Armas medievales", de Taringa]



Dadme un fusil, un hacha, un tirachinas,
un puñal, un revólver, una espada,
un alfanje, un mangual, una granada,
una cabeza nuclear, mil minas. 

Dadme un panal de abejas asesinas,
un carro de combate, una cayada,
un arcabuz, un Colt, una afilada
flecha que salve rectas las esquinas.

Cualquier arma me sirve si con ello
pongo en fuga o doy muerte a la galbana 
que anuncia mayo con calor de estío.

Ya sé que no es cristiano —y menos, bello
esta sed de matar tan de mañana. 
(Que el soneto repare mi extravío.)

domingo, 22 de mayo de 2011

El quid

[Imagen tomada de arcoirisdelavida.blogspot.com]


El quid está en lograr que la pujanza
que contiene el bramido de la ola
se concentre en un punto. De esta forma,
acaso sólo arrastre lo preciso,
lo caduco, lo inútil, lo que sobra.

viernes, 20 de mayo de 2011

Sombra que me enamora

[Fugacidad. © C.E.L.]


De pronto, la palabra
me convoca a una cita.
Yo acudo. Me recibe. Conversamos.
Y en un abracadabra
queda en el aire escrita
la sombra de una Sombra que soñamos.

La Sombra me enamora
—toda sombra es misterio—
y yo salgo al reclamo de su estela.
Y aunque mi voz explora
no exenta de criterio,
la Sombra en sombra sólo se revela.

A veces, de repente,
en un signo, un viseo,
una sombra fugaz se transfigura
en la Sombra silente,
la Sombra que deseo,
la Sombra que se oculta en su espesura.

Entro en el laberinto
donde la Sombra mora
y me pierdo en el ruido de mis venas.
Me valgo del instinto
y busco en lo que aflora
entre légamos, llantos y azucenas.

El afán del poeta
—y, tal vez, su castigo—
consiste en arrancar luz de esa Sombra.
Y juega a la ruleta
con tan fiel enemigo
para, al fin, desnombrar cuanto no nombra.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Desnudo ante el poema

 [Imagen tomada del blog GuitarInEnsemble, del músico y compositor Jose Antonio Chic]

He dejado el ropaje del miedo a la orilla del río,
junto a los juncos limpios de la página virgen,
y me he hundido en las aguas
buscando en los moluscos de mi infancia
las primeras palabras.
                                         Buceando,
he llegado a las puertas del poema,
que me ha mirado quieto,
desnudo como yo, desafiante. Y he nadado
hasta su corazón, donde me he visto
como quien se contempla ante un espejo.

Resulta sorprendente que a mis años
insista en estos juegos, que dé vueltas
a la camisa de los verbos y desvista,
sin pudor apreciable, mi tiempo y mi memoria.
Y, sin embargo, esto
—el garabatear en el papel palabras que me lleven
hasta el borde de mí— me da la vida,
ordena el mundo,
eterniza el tiempo.

lunes, 16 de mayo de 2011

Duelo al sol

 [En la imagen: fotograma de la película "Solo ante el peligro"]

(Hace ya unos cuantos años, escribí una serie de sonetos inspirados en el cine que veía durante mi infancia y primera juventud, películas clásicas del oeste o cine negro. No todos quedaron como yo hubiera deseado, pero hay uno —éste— con el que estuve relativamente satisfecho. Lo mostré en su día en el foro de sonetos de POESÍA.COM., y hoy, ligeramente modificado, vuelvo a dejarlo aquí, como homenaje a aquel cine clásico que, a algunos, siempre nos acompañará.)

Marca las tres el reloj de la plaza.
Quema el silencio. Hay un sol de justicia.
El caminante, con calma ficticia,
parece ajeno ante toda amenaza.

Ningún testigo. Se inicia la caza
del forastero. La tarde es propicia.
Mientras, el hombre —medida pericia—
amaga un gesto: sutil añagaza.

Detiene el paso. Enciende un pitillo.
Echa un vistazo. Calcula. De frente,
vienen dos tipos hacia él por la acera.

Piensa la mano. Aguarda el gatillo.
Vibra un revólver. Dos tiros. La gente
sale a las puertas. Calor. Tolvanera.

(Ya colgado el soneto, he seguido dándolo vueltas, de modo que he llegado a esta otra versión, que, no sé si por más reciente o porque realmente ha quedado más solida, a mí me convence un poco más. Aquí dejo las dos, para quien quiera compararlas.)

 
Marca las tres el reloj de la plaza.
Arde el silencio ante un sol de justicia.
El pistolero, con calma ficticia,
avanza atento a cualquier amenaza.

Ningún testigo. Comienza la caza
del forastero. La tarde es propicia.
El viento sopla. La cuenta se inicia.
Y esta partida ha de ser a una baza.

Detiene el paso y enciende un pitillo.
Echa un vistazo, calcula. De frente,
vienen dos tipos hacia él por la acera.

Piensa la mano, despierta el gatillo,
ruje el revólver... Dos tiros. La gente
sale a las puertas. Calor. Tolvanera.

sábado, 14 de mayo de 2011

En estos tiempos, en todo tiempo.

 [Bosque, © C.E.L.]

        No somos mucho más que ese caracol que sueña las estrellas, siempre expuesto a las pisadas de oscuros animales.