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domingo, 31 de julio de 2011

De regreso

[En la imagen, A Coruña © C. E. L.]


                            A H.B.O., que sabe de qué hablo. 


Atrás quedó la mar, la luz sonora
rompiendo en alazán de blanca espuma,
también la terca y sostenida bruma
que en la costa se afirma y se demora.

Quedó atrás la ciudad que, seductora,
en la memoria alienta y aun perfuma.
El tiempo quedó atrás, aunque rezuma
lenta sed de nostalgia asoladora.

Allí quedan sus plazas, sus callejas,
su faro, su castillo, sus jardines...
aquellos años, el dolor sufrido.

Conmigo vienen voces y guedejas
de lluvia y sal, tabernas, cafetines,
la palabra "Amistad". Y un largo olvido.

jueves, 14 de julio de 2011

Mientras corrijo pruebas

[Imagen tomada del blog: luisbague.blogspot.com]

            Se fragua la edición de un nuevo libro. Y un gusanillo de gozo e impaciencia se revuelve en mi estómago. Va y viene haciéndome cosquillas mientras corrijo pruebas, o estudio y modifico la portada. Yo me afano en busca de esa errata que, por mucho que rastree, acabará por hacerse presente con el libro ya impreso: algo de lo que soy consciente y a lo que me resigno. La busco y leo de nuevo. Y me dan ganas de cambiar un verbo, un adverbio, un adjetivo; de cambiar una frase completa, un párrafo, una página. Si siguiese leyendo y releyendo acabaría por volverme loco. Y al final no sabría, de todas las que encuentro, con qué oración quedarme para fijar el texto definitivamente. Se fragua la edición de un nuevo libro. Con la ilusión del niño ante el regalo tantas veces deseado, aguardo su amanecer feliz entre mis manos.

miércoles, 13 de julio de 2011

De vez en cuando

[Imagen tomada de: http://quenosquedablog.blogspot.com/]

            También, de vez en cuando, darse a ese placer total de la pereza. Al abandono de todo cuanto no sea nada. No escribir, no leer, no pensar… Hasta que pasada esa fiebre de, digamos, nihilismo, la vida me empuja de nuevo hacia la vida, la palabra a la palabra, el cuerpo al cuerpo. Como si todo fuese de repente nuevo. Todo, materia por descubrir, camino por hollar. Todo intacto ante mí, para que yo lo abrace.

domingo, 10 de julio de 2011

A la memoria de Facundo Cabral

          Por la prensa de hoy ("El País", concretamente) me entero del asesinato del cantautor argentino, Facundo Cabral, que a mediados de los 70, junto a Atahualpa Yupanqui, Horacio Guarani, José Larralde, Cafrune, y tantos otros, tantas canciones y versos profundos me regalaron. 

         Hacía muchos años que no había vuelto a tener ninguna noticia suya (tampoco, es verdad, estoy muy al tanto de lo que a discos nuevos se refiere), por lo que, alguna vez, llegué a pensar que podría haberse retirado o haber muerto. 

          Por desgracia, las noticias de hoy me confirman esta última certeza. Descanse en paz. Y malditos sean los sicarios que acabaron con su vida que era ejemplo de paz, hospitalidad y amor.

viernes, 8 de julio de 2011

De cata


 [Imagen tomada de la página: www.paris.com]

            Como se paladea una copa de vino. No un vino cualquiera, un vino delicado, profundo, poliédrico en matices. Así quisiera yo también paladear la vida, tantas veces furiosa, agresiva, imprevisible. Y, sin embargo, siempre, complacida de ser paladeada. Aun en los malos tragos.

jueves, 7 de julio de 2011

El músico


 [Imagen tomada de www.canonistas.com/galerias © Alfredo Oliva Delgado.]


            Frente a los demás músicos callejeros, monótonos y torpes, éste demuestra conocimientos musicales, sensibilidad, sentido del ritmo y la armonía. Desde su acordeón, la música se expande por la calle. Lejos de ser agresiva, acaricia, serena. Deposito unas monedas en el cestillo que tiene a sus pies. Brevemente, me sonríe. Pero la mueca es triste y se diluye al vuelo de sus notas.

miércoles, 6 de julio de 2011

Frente al espejo

[Imagen tomada de: fernandoalfredo.blogspot.com]

            Esa mañana, frente al espejo, descubrió que sus ojos no estaban a la misma altura. El día anterior, sin ir más lejos, ambos se asentaban sobre un mismo plano imaginario, una misma línea virtual que trazada de izquierda a derecha, o viceversa, atravesara su rostro un poco por encima de los pómulos y de la mitad de su nariz. Era como si el ojo izquierdo, durante la noche, hubiese descendido unos milímetros hacia la comisura de los labios; o, por el contrario, fuera el derecho el que escalara a la planicie de la frente. Salvada su extrañeza, achacó aquel efecto óptico al insomnio que aquella noche lo había martirizado, y, sin querer darlo más vueltas, se metió bajo la ducha, a la espera de que el agua le devolviese a la cordura. Sin embargo, cumplido el ritual del baño que marcaba el comienzo de cada día, comprobó, otra vez en su propio reflejo, que sus ojos continuaban en el mismo lugar que ocuparan poco antes, cuando los observase medio adormilado. De repente, aquel rostro, que no dejaba de ser el suyo, era el de un auténtico desconocido. Y esa sensación de extrañeza, de otredad, lo angustió de repente, hasta el punto de apartar la vista del espejo con rabia e impotencia. Salió del cuarto de baño y, casi, de forma imperceptible, apreció que también en la casa se habían producido pequeñas transformaciones. Nada grave, por supuesto; nada que saltase a la vista a las primeras de cambio; nada que nadie, que no fuese él, podría detectar; que acaso él tampoco llegara a definir racionalmente, pero que en cualquier caso advertía e incidían en su ánimo y su desasosiego. En un momento, incluso, se preguntó si no estaría muerto; si aquellas variaciones que ahora observaba no obedecerían a un cambio en su propia naturaleza. Quizá, se dijo, soy mi propio fantasma, y ese hecho explica por sí mismo cuanto ahora estoy experimentando. Con esa idea, y cierto temor, fue hasta su habitación. Sospechaba que allí, sobre la cama, descubriría su cadáver: un cuerpo inerte, aparentemente dormido, ajeno ya a todo lo que pudiera atañer a las cosas de este mundo. Por el contrario, él, o sea, su propio fantasma, estaría condenado a vagar por un espacio sin dimensiones hasta quién sabe cuándo. Sin embargo, la cama estaba vacía, las sábanas revueltas, el lecho frío. Inspiró y expiró profundamente: varías veces. Más tranquilo, cayó en la cuenta de lo absurdo de estos pensamientos. No soy un personaje de un cuento de terror, se oyó decir en voz alta. Todo esto es ridículo. Volvió al cuarto de baño, decidido a aclarar definitivamente aquel malentendido consigo mismo. Allí, frente al espejo, no había nadie.

martes, 5 de julio de 2011

De Fortuna varia

[Vincent van Gogh (1853-1890) Fritillarias, corona imperial en un jarrón de cobre1887 
Óleo sobre lienzoMuseo de Orsay  - París]

     Si echo la vista atrás soy consciente de que, en general, siempre fui un elegido de la Fortuna. Más allá de mis propios esfuerzos, la vida ha sido generosa conmigo. Por eso intento cada día merecer cuanto tengo.

lunes, 4 de julio de 2011

domingo, 3 de julio de 2011

Por encima de todo

[Imagen tomada de la página: http://choriza.wordpress.com]

            Por encima de todo ser feliz, escribió Gil de Biedma en un poema. Consciente, sin duda, del terrible esfuerzo que exige tal axioma. Acaso, también, de la improbable certeza de conseguirlo. Por encima de todo ser feliz, digo yo también. No como un destino atemporal o eterno, sino como el resultado de mínimas victorias en la batalla diaria con la vida. Y en ésas andamos.

sábado, 2 de julio de 2011

Deseo

[Imagen tomada de: earnspanishdc.com]


            Que no nos falte el agua ni la risa. Que el amor nos escoja. Y que siempre seamos dignos de tales dones.

viernes, 1 de julio de 2011

Del valor de la alquimia

[Imagen tomada de turismolamancha.blogspot.com]

 

            Como un alquimista. Así me siento cuando, ante los fogones, dispongo aceite, ajos, cebollas, pimientos, calabacín… y sofrío despacio, a fuego lento, muy lento. Veo cómo se entremezclan los colores y aromas; cómo, durante la fritura, las hortalizas adquieren brillo, se ablandan, se abandonan al valor del fuego. Al alcanzar la sazón adecuada, incorporo el tomate, sin piel, bien picadito. Una cucharada de azúcar, unas vueltas, y a dejar que reduzca. Para entonces la cocina huele a huerta y a festín anunciado. Dejo cocer. A fuego lento. Sin prisas… Cuando los alimentos acaban por ser uno, rectifico de sal. He terminado. Y sí: lo llaman pisto.