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lunes, 31 de octubre de 2011

Hay un momento


[Imagen: Mosaico de Teseo, El Minotauro y El Laberinto.
Tomado de: http://ingenieropalanca.blogspot.com/]



Hay un momento, antes o después,
en que no sabes hacia dónde dirigir tus pasos,
hacia dónde dirigir tu mirada,
a qué punto de los cuatro puntos cardinales
dirigir tus palabras.
Ese es el momento
en que caminas sonámbulo por tu propio sueño,
en que te adentras en la espesura habitable de la nada,
y fluyes de ti para ti mismo, sin que tengas
la forma ni la fórmula del cuerpo que te hospeda.
Hay un momento, antes o después,
en que debes mirarte en el espejo… y no reconocerte,
en que debes abrir tu corazón al viento,
y dejar el hogar donde invernaste,
y solo, a la intemperie,
acudir hacia ti.
Después vendrá la fiesta y la alegría,
el gozo y la alborada.
Y aquella desazón que te embargaba, como un náufrago,
se perderá en la niebla para siempre.
Hay un momento, antes o después, para que ocurra.
Y tiene que ocurrir.
 Tenlo presente.

domingo, 30 de octubre de 2011

Hoguera (ejercicio de dedos)

[Hoguera de San Juan © C. E. L.]

Reclama
la llama
oscuras
figuras
que entrama.
Y alienta
cruenta
reflejos
de espejos
que inventa.

viernes, 28 de octubre de 2011

Un cuento que no es un cuento


            Este cuento tiene poco de cuento, porque es real como la vida misma. Aun así merece la pena ser contado y a ello me dispongo, porque la moraleja debe conocerse, de modo que si alguien se encuentra en una situación parecida actúe en consecuencia. Dicho lo cual, comienzo:

            Érase una vez, no hace ni seis meses, unas jóvenes universitarias que vivían en un piso alquilado en la ciudad en la que estudiaban. En él, disponían de línea de internet, contratada con una de esas compañías operadoras que tanto se parecen entre sí, que te ofrecen el oro y el moro antes de darte de alta y que, a partir de conseguirlo, te tratan como si les debieras un favor. Tales jóvenes observaron que, pasado algún tiempo, no les llegaba la velocidad contratada; es más: no es que la velocidad recibida se aproximase a la señalada en el contrato, sino que nunca superaba la mitad de lo estipulado en él. De este modo, comenzó lo que podríamos calificar de “relación fluida” a través del teléfono, entre las jóvenes y la compañía: llamadas y más llamadas, pruebas de líneas, excusas, aplazamientos… Y así, queridos niños, día tras día, mes tras mes, terminó el curso.

            A la vista de la experiencia, decidieron darse de baja. De modo que con un plazo mayor de cuarenta y ocho horas, tal y como marca la normativa para este tipo de comunicaciones, remitieron un burofax a la compañía dando la orden y solicitando el fin de la facturación a partir de tal fecha: la misma con la que abandonaron la ciudad y regresaron al domicilio familiar. Días más tarde, recibieron un telegrama de Correos en el que se indicaba fecha, hora y nombre y DNI de la persona a quien se le había entregado el burofax en cuestión, con lo cual dieron el asunto por terminado.

            Sin embargo, oh, queridos niños, la historia no había hecho nada más que empezar. Se recibió una factura correspondiente al mes siguiente a la fecha de la baja, y las jóvenes hablaron con la compañía, tratando de hacerles ver, a cuantas personas les atendieron, que aquella factura era incorrecta, pues ya no utilizaban sus servicios y habían dado orden de baja con plazo suficiente. Pero hablar con una compañía es como hablar con una pared. Daba igual las personas con quienes hablasen; una tras otra, todas les decían lo mismo: que el burofax no era la forma de comunicar la orden de baja, que debían haberlo hecho mediante llamada telefónica; además, les insistían, el burofax no obraba en sus registros. Pero cómo es posible, decían ellas, si tenemos justificante de Correos en el que se indica cuándo se les ha entregado y a quién. Y la compañía: pues no tenemos constancia; tienen que pagar esa factura.

            Las jóvenes, sin embargo, se hicieron fuertes. No pagaron ésa ni la siguiente que volvieron a facturarles. A cambio, escribieron de nuevo a la compañía, remitiéndole copia del burofax y del resguardo recibido de Correos. Pero la compañía hizo oídos sordos. Y no sólo eso, sino que derivó el caso a unos señores muy malos y muy pesados, que llamaban a las jóvenes cada dos por tres, amenazándolas con no sé cuántas cosas terribles si no pagaban. Y las llamadas eran a todas horas: por la mañana, a la hora de la comida, por la tarde…; incluso, por la noche.

            Las jóvenes, entonces, pusieron su caso en conocimiento de la Oficina Municipal de Información al Consumidor, rellenaron un formulario con sus alegaciones y presentaron las correspondientes pruebas. En esta Oficina de hombres buenos, tranquilizaron a las jóvenes y les dijeron que lo dejaran en sus manos, que no se preocuparan más por el asunto.

            Tres semanas después, a través de tal Oficina, recibieron una carta de la compañía, en la que les agradecía la comunicación de su queja, pues les ayudaba a mejorar la atención a sus clientes, y se accedía a su petición, anulando el pago de la deuda que con tanto afán, hasta sólo unos días antes, les reclamaban.

  Y colorín, colorado.
  Si esta historia acaba bien
  es porque se ha reclamado.

  La moraleja del cuento
  es que hay que reclamar,
  pues no se puede aceptar
  la fuerza como argumento.

jueves, 27 de octubre de 2011

Sin dobleces, opósitos ni tongo

[Jeroglíficos escritos en el Templo de Karnak. Tomado de Wikipedia]



No sé si este decir que digo ahora,
estas palabras que mi pulso tensa,
serán, por ser memoria, mi defensa
del tiempo que consumo y me devora.

Mas escribo sin sed vindicadora,
hurgando en mi desván o en mi despensa,
sin ánimo de halago o recompensa,
sólo por coincidir con quien me afora.

Así trazo palabras, me desdigo,
soy a la vez amigo y enemigo,
y en esa quemazón, me recompongo.

Sé que es poco bagaje para el verso.
Pero soy yo, fijando mi universo:
sin dobleces, opósitos ni tongo.

miércoles, 26 de octubre de 2011

En torno al vuelo

[Imagen tomada del blog: sanasanaculitoderana.blogspot.com]


            Somos deudores de cuantos nos precedieron. Y este hecho, tan evidente y condicional, es algo que obviamos. O que, simplemente, tendemos a olvidar, temerosos de que el enorme peso que ello supone impida nuestro propio vuelo. No pensamos que si en algún momento nos crecieron alas fue debido al afán de ascender que otros forjaron.

martes, 25 de octubre de 2011

Mientras pasan los días




            Aquí, en este pequeño rincón del mundo, pasan los días. Ajeno a mí, el mundo, aquí y allá, se agita, engendra vida, asume muerte, asiste a esa representación del ser humano en la que lo excelso y lo mezquino se conjugan al tiempo. Y yo sigo a lo mío, levantando mi propio mundo con la torpeza del que no conoce un oficio al que, sin embargo, le obliga el mero hecho de vivir.

lunes, 24 de octubre de 2011

Presentación Fragmentos de Inventario

[En la mesa (de izquierda a derecha): Santiago Sastre, Felipe Spínola, Antonio del Camino y Francisco Castaño]


     El pasado viernes, como había adelantado en esta bitácora, presentamos Fragmentos de inventario en Talavera. Rodeado de familiares y amigos, con la Sala Carmelo Castilla, del Centro Cultural Rafael Morales, rozando el lleno absoluto, hablamos del poder de la memoria y de la génesis de este libro. De ello, hoy, LA TRIBUNA DE TALAVERA, a toda página, dice esto.

     Por mi parte, agradecer desde aquí la presencia de cuantas personas nos acompañaron, y de aquellas otras que, aun no pudiendo asistir, nos hicieron llegar su apoyo y consideración.

viernes, 21 de octubre de 2011

Escribir


            Escribir para conocer, para reconocerse. Escribir para ordenar el mundo. Escribir para nombrar lo que no tiene nombre, para reinventar los nombres del silencio, para fijar el tiempo. Escribir contra el olvido. Escribir como quien se despide.

martes, 18 de octubre de 2011

Canción de amiga

[Amanecer © A.C.G.]


Ay, amiga; ay, esposa; amada mía,
no arde la luz aún en la alborada,
y ya tu luz iluminando el día.

lunes, 17 de octubre de 2011

Manchas


[Imagen tomada de la Web mujerbonita.net] 


             Me descubrí a mí mismo en una isla; si no desierta, sí lo suficientemente extensa como para ignorar lo que había más allá de lo que alcanzaba mi vista. Me descubrí casi desnudo, náufrago rescatado de las aguas acaso por algún ser magnífico y misterioso. Me descubrí soñando con palmeras en medio del desierto. Me descubrí astronauta en medio de la nada. Me descubrí escribiendo aquello que veía, aquello que intuía. Al despertar, en mi cuaderno, sólo manchas.

domingo, 16 de octubre de 2011

Oporto en la memoria

[Rabelo atracado en la margen de Gaia © C. Elvira]

                                 A Lidia, Charo, Benito, 
                                 y demás amigos que lo visitarán pronto. 

Oporto sabe a mar y sabe a vino,
a muelles, a cargueros y a bodegas,
a Duero acariciando su destino,
y a quintas y casonas solariegas.
Sabe a un tiempo feliz y ya pasado,
y a un devenir abierto a lo soñado.

Oporto es un lugar para el paseo
y para respirar literatura;
una ciudad donde la luz más pura
alimenta otra forma de deseo.
Y es Oporto el fulgor de una acuarela
que en las aguas del río se revela.

sábado, 15 de octubre de 2011

"Fragmentos...", en Toledo

 

           Ayer, tal como anticipaba en este mismo espacio, presentamos en la Librería Taiga, de Toledo, Fragmentos de Inventario. En la mesa me acompañaron Santiago Sastre, editor y poeta, y Jesús Cobo, poeta y crítico de arte; y ambos, sobre todo, amigos. En la sala, junto a Carmen y María, mi hija menor, otro buen número de amigos que quisieron asistir a la “puesta de largo” del libro. Lo que tanto Santiago como Jesús dijeron sobre él quizá no me corresponda a mí repetirlo. Baste decir que sus palabras fueron afables y generosas, y, bajo mi punto de vista, diseccionaron con exactitud el meollo de estos Fragmentos.
Finalizada su intervención, vino mi turno, en el que me limité a dar las gracias a los presentadores y asistentes, así como a Alberto, hospitalario anfitrión de la librería. Con la lectura de un par de estampas cerramos el acto y se abrió lo que Santiago Sastre denominó “la mastica” —“Después de la mística, la mastica”, dijo— y que se conoce vulgarmente como un vino español, con el que la librería agasajó a los presentes.
Tras cumplir con el ritual de la firma de ejemplares y departir con amigos a los que hacía mucho tiempo que no veíamos, nos volvimos para Talavera. Trayéndome, eso sí, algunos ejemplares del cartel de promoción que ha hecho la editorial, y que me encantó. Aquí os lo muestro.