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sábado, 31 de diciembre de 2011

Cierre de ejercicio

[Rincón de trabajo © A.C.G.]


He sumado las horas que he perdido en el año,
las excusas baratas que me he puesto a mí mismo,
las prórrogas sin causa, los circunloquios vanos
con los que he pretendido convencerme a mi costa,
las buenas intenciones que abrazara en diciembre
y que apenas duraron media cuesta de enero;
he sumado mis pasos, mis latidos, mis sueños,
y sé que soy más pobre cuando el año se acaba.
Pero tengo la risa y tengo la palabra,
y el amor de mis hijas, de mis padres y hermanos,
y tengo a mis amigos, que son valor seguro,
y una mujer que emana de su calma la luz.
Eso, al final, me salva de todas mis torpezas,
de este abundar en nada, que es propio y me convive.
Hoy que termina el año renuevo mis propósitos
y cierro el ejercicio cotizando a la alza.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Miro por la ventana

[Joven en la ventana, de Gustave Caillebotte]


Miro por la ventana.
Quizá, para matar el tiempo,
para espantar las sombras que me acercan
en sus páginas grises los diarios,
para olvidar
esa fotografía que confirma el metal de la pobreza.
Miro por la ventana y, en la calle,
el paisaje monótono me calma.
Pasan coches, mujeres con el carro de la compra,
jóvenes a su bola, mensajeros,
repartidores de butano o, simplemente, gente.
Con prisas o sin prisas, abrigados o no,
con su dolor a cuestas, pero oculto.
Miro por la ventana para matar el tiempo.
Acaso, también por no mirar que el tiempo mata
mi cuerpo lentamente. Como a todos los cuerpos,
como a todo.
Vendrá la muerte, dijo aquel poeta.
Cuando, si lo pensamos, la muerte nunca viene,
vive con la vida, la lima, la corroe, la va fijando
hasta llevarla al filo de su espada. Y entonces…
Quizá, para olvidarlo,
miro por la ventana. Mato el tiempo,
mientras el tiempo clava sus dardos invisibles
en mis ojos que miran,
y en mis sueños, que sueñan
con lo que no será.  

miércoles, 28 de diciembre de 2011

De romancetas y sus antecedentes


[Plato de morteruelo. Imagen tomada de El Blog de los Trolacas]


Se afirma por ahí que nada hay nuevo bajo el sol. Y a fe que es verdad. Por ejemplo, hace sólo unos días, me parecía haber descubierto poco menos que la pólvora cuando traje aquí la receta del mazapán, formulada en una Romanceta (nombre que osé dar a la receta de cocina escrita en forma de romance); básicamente, un divertimento en el que loar las virtudes de dulce tan navideño. Pues bien, hoy, ojeando La cocina del Quijote, libro de Lorenzo Díaz, publicado en Alianza Editorial en 2005 con motivo del IV centenario de tan ilustre personaje, y que mis hijas tuvieron a bien regalarme aquel año, reparo en el texto que a continuación copio, que leí en su momento pero —lo juro— había borrado de mi memoria por completo. Se trata de la receta del Morteruelo, rimada por Tomás Luceño. Hela aquí:

Coges hígado de cerdo,
lomo y ave, lo rehogas
con aceite y ajo frito;
pero, por Dios, no lo comas,
que todavía hace falta
una multitud de cosas.
Todo esto lo cueces mucho,
porque de ese modo logras
deshuesar las aves y
(procediendo en buena lógica),
que se desmenuce el lomo
y el hígado, al cual colocas
dentro de un mortero limpio,
le machacas, en buena hora,
por un colador lo pasas
y en el caldo donde todas
estas carnes han cocido,
con mucha calma lo embocas;
si te gustan las especias,
con especias lo sazonas.
Después rallas pan; lo echas
en el caldo, se incorpora
a las referidas carnes,
y toda una pasta forma
que sacas in continenti,
en grandes tarros colocas,
lo conservas algún tiempo,
librándolos de las moscas;
y si quieres te los comes,
y si no, no te los comas,
que cada cual es muy dueño
de su estómago y [de] su boca.

El último verso, curiosamente, es un eneasílabo en vez de octosílabo. No sé si, acaso, pueda deberse a alguna errata de imprenta y sobre la segunda proposición “de” (aquí, entre corchetes).

Sea como fuere, y salvando esta minucia, quede constancia de que, si bien el apelativo de Romanceta, como se aclaraba en el soneto previo a la misma, fue ocurrencia mía, la idea de trasladar al romance una receta de cocina, llámese como se quiera, estaba ya inventada. Seguramente, la receta que aquí traigo no sea la única que pulule por esos mundos de papel impreso que llamamos libros. Como suele decirse: Al César, lo que es del César…

lunes, 26 de diciembre de 2011

domingo, 25 de diciembre de 2011

Otra Navidad

[Imagen tomada de pequesymas.com]


            Llegaba mi padre a nuestra habitación con la bandeja de dulces navideños y una copa de licor donde, previamente, había preparado una palomita (apenas unas gotas de anís y el resto de agua), deseándonos "Feliz Navidad". Y mi hermana y yo tomábamos una porción de dulce y sorbíamos de aquel bebedizo, levemente anisado. Luego, desayunados, aseados y vestidos, bajábamos a felicitar las Pascuas a los abuelos. A esa hora —media mañana— ya andaba la abuela trajinando en la cocina. Y un apetitoso aroma a gallina en pepitoria se desprendía por toda la casa. Afuera, que recuerde, rara vez nevaba.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Aquí os dejo mi felicitación para estas fechas, y una reliquia sacada del baúl de los recuerdos:

viernes, 23 de diciembre de 2011

Romanceta navideña: Mazapán

[Imagen tomada de Wikipedia.org - Autor: Tamorlan]


Si llamamos Chisneto al conocido
chiste de bar, contado en un soneto;
y hemos denominado Cocineto
al soneto que rima un buen cocido

o cualquier otro plato revestido
de cierta gracia y seductor secreto
(y en ello cabe entrante, postre o reto
que en la cocina encuentre su sentido),

llamaré Romanceta a la receta
de cualquier guiso o vianda que alimente,
expresada en romance y verbo llano.

Cabrá el lomo a la sal, la caldereta,
la caza, los arroces o el crujiente
hojaldre hecho pastel, y lo huertano.

Valga esta Romanceta navideña
para endulzar el gusto de la peña:


Lo mismo que el turrón vuelve
a casa por Navidad,
llega ese dulce sublime
que es —para mí— el mazapán.
Hecho de almendra y azúcar,
sin que necesite más,
se dice que llegó a España
cuando el conde Don Julián,
aquel conde que, portero,
dejó a los moros pasar
a los dominios de un Godo
que ya daba en declinar.
Por tanto, fueron los árabes
cuando vinieron acá
los que, en su refinamiento,
nos trajeron tal manjar.
No es su receta un secreto,
mas para poder gozar
de ese perfecto acabado
que hace de él algo especial
es preciso que la almendra
se trabaje hasta quedar
tan triturada y tan fina
como polvo de azafrán.
El azúcar, de igual modo,
el cedazo ha de pasar,
y así, azúcares y almendras,
fundidos con buen afán
forman una masa dulce
que se puede modelar.
Después vendrá el confitero,
y con esa masa hará
unas pequeñas figuras:
patos, peces, empana-
dillas, jamones, conejos…
formas caprichosas que al
pasar por el horno quedan
listas para el paladar.
No se olvide —es importante—
que este dulce singular
debe llevar una parte
de almendra amarga, que da
ese toque imprescindible
de amargor, algo esencial
para alcanzar equilibrio
sin llegar a empalagar.
El de Toledo se lleva
la fama, pero es verdad
que por toda la provincia
no es difícil de encontrar
un mazapán que se precie,
si no en precio, en calidad.  
El de Oropesa, es muy bueno;
y bocado magistral
el de San Martín de Pusa;
tampoco me he de olvidar
de los que se hacen en Gálvez,
en La Mata o en Polán.
Pero con todo, de todos,
por su equilibrio sin par,
me quedo con el que viene
de la muy noble y leal
ciudad llamada antes Ébora,
y hoy Talavera de la
Reina, que es la patria chica
de quien firma este cantar.
Pero que nadie se piense
que si prefiero el de acá
es sólo por hacer patria
haciendo publicidad.
Ante la duda, quien guste,
que visite mi ciudad,
que yo le llevaré al sitio
donde lo ha de comprobar.
Tras probarlo y degustarlo,
la razón me habrá de dar.

(Y hasta aquí la romanceta,
que comienzo a salivar.)

jueves, 22 de diciembre de 2011

Premio

[Imagen extraída de la edición digital de CincoDías.com]
  

          En sus manos un décimo del número agraciado con el primer premio de la lotería nacional. En su mente un abanico de sueños tejidos durante décadas, proyectos que ahora puede hacer posibles. Y de pronto, en su corazón, el rigor del invierno, una punzada de pánico frente al futuro, un terror que aflora ante una vida que intuye diferente a lo que ha sido su vida hasta ese instante, ajena a su andadura y su naturaleza.
Camino del Banco, un mendigo —a sus pies, un bote con algunas monedas— desafina una canción mientras rasguea una guitarra aún más desafinada. Se detiene ante él y le contempla unos instantes, acaso algún minuto. Luego, extrae el décimo de su bolsillo y lo deposita en el bote, junto al pequeño capital del indigente. Éste le mira sin comprender, deja de tocar, toma el décimo, lo observa extrañado, vuelve a mirarle; sin pensarlo dos veces lo rompe en mil pedazos que lanza al aire para verlos caer como si nevara, y vuelve a la guitarra y a la misma canción. Por un momento, sus miradas se encuentran. Le parece que intercambian idéntica sonrisa.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Hacia estaciones cotidianas

[Imagen tomada de la web: imagenesfotos.com]


Un año más de juventud que ganas,
amigo Higinio, al paso de los días;
un año más de luchas y ordalías,
más colosales cuanto más humanas.

La vida, disfrazada de mañanas,
dispone itinerarios y tranvías,
y nosotros, errantes por sus vías,
vamos hacia estaciones cotidianas.

El equipaje, al tiempo que ligero,
a base de amistad, amor y esmero,
es el propio vivir. Y no hay más senda

que la que van hollando nuestros pasos
entre dudas, victorias y fracasos,
y continuos propósitos de enmienda.