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martes, 31 de enero de 2012

La eternidad que habita en los instantes



Van pasando los días con la etiqueta de lo predecible. Días monótonos de gestos y palabras, de luces y de encuentros. Así pasan los lunes, los martes, los miércoles… Y hay poca diferencia en cada haz de veinticuatro horas en que la tierra gira sobre sí. Rumores reiterados, gestos vacíos. La vida se dilata lentamente en esa sucesión de calendario. Y a veces nos parece que tal repetición se asemeja a la inmortalidad. Por un instante, incluso, podríamos pensar que somos suficientes frente a la muerte, que somos intocables para ella. Pero algo así sólo sería soberbia, insensatez, locura. Porque la muerte habita en nuestros actos, limándonos los sueños poco a poco, limándonos la vida latido tras latido. La muerte, que de pronto se aparece, nos ciega, nos deja malheridos. Porque se lleva a alguien que queremos, a alguien que nos quiere, a alguien con el que compartimos tantas cosas y que, a partir de entonces, de ese momento que es una frontera entre el ser y el no ser, nos dejará en desolada orfandad. Somos, por tanto, súbditos de ese sueño en donde no se sueña; prisioneros de esa cárcel en donde el tiempo deja de medirse. Y aunque en nuestro diario trajinar espantemos tan terrible certeza, porque de lo contrario sería imposible enfrentarse a la vida, no hay mayor certidumbre que ese punto final que en ella habita. Por eso, hasta llegar a él, será preciso que ensayemos fugaces paraísos en donde la amistad y el amor serán imprescindibles. Como también la belleza, la ternura, la risa, la razón, el gozo. Conceptos, por sí mismos, capaces de tornar esa monotonía de las horas, su rumor cotidiano, por islas de placer, por mínimos edenes en donde, entonces sí, rozar —y ello será bastante— la eternidad que habita en los instantes.

4 comentarios:

  1. Muy interesantes tus palabras, como siempre.
    La muerte esa frontera entre el ser y el no ser y un reloj incansable monótono y preciso caminante de una eternidad indiferente.
    La pérdida de un ser querido duele mucho pero veo mucha entereza en tu texto como si el duelo ya hubiese acabado.
    un saludo

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  2. Buena reflexión sobre el engaño que supone la rutina, el paso del tiempo... Y sobre los bálsamos de la vida.
    Elegante prosa
    Buen fin de semana

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  3. El buen gusto lleva las riendas en las páginas de tu alma. Besos.

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  4. Carmen, Esmeralda, Eli:

    Una vez más, gracias por vuestras generosas lecturas.

    Un abrazo

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