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martes, 28 de febrero de 2012

La sombra en el relato

[Fotograma de la película "Buenas noches y buena suerte", de George Clooney)]


            Corrí hacia la casa en busca de un refugio capaz de protegerme del frío y de una inconcreta amenaza que parecía perseguirme durante todo el día. Tras dejar el abrigo en el perchero de la entrada, me dirigí a la cocina y preparé una infusión que templase mi cuerpo. Luego, con la taza humeante calentando mis manos, fui hasta la habitación de trabajo y me senté ante el ordenador. Escribí ajeno al discurrir de las horas y a la llegada de la noche. Sin embargo, puesto fin al relato y revisada su estructura, me percaté de que cuanto había tramado en mi imaginación, todo aquel artificio de personajes, equívocos y suspense, se reducía a la descripción de un hombre que huía del frío, entraba en su casa, preparaba una taza de té, escribía. Y, justo cuando empezaba a asumir que todo aquello era así, las palabras fueron diluyéndose ante mis ojos, como si una lluvia redentora llegara hasta la médula del texto y lo hiciese desaparecer, convirtiéndolo en manchas de alquitrán sobre aquella nieve luminiscente.
            Ahora, vuelvo a beber de una taza de té, ya fría, y pienso en ese extraño que trasladaba palabras al papel. ¿Qué nos diremos la próxima vez que coincidamos?

4 comentarios:

  1. Estupendo micro, Antonio: una metáfora luminosa de la escritura. Lista para ponerla en práctica. Enhorabuena.

    Un abrazo

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    1. Gracias, Alfredo. Como verás, obsesión -esta de la escritura- que aparece de todas maneras, ya sea en verso o en prosa; quizá estrangulando otros asuntos a los que debería prestar también más atención. Pero, en fin, así es esto.

      Un abrazo.

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  2. Pues sí, el papel en blanco juega estas jugarretas: lo que tenemos en mente no siempre aparece en el papel.
    Pero tú lo has narrado genialmente. Yo también me hago la misma pregunta ante el bloc de notas.

    Ha sido un placer leerte. Continuaré.

    Un saludo.

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    1. Gracias, Idella, por la visita. Te puedes considerar como en tu casa este rincón de verbos y penumbras. En cuanto al asunto de la exactitu entre lo imaginado y su resultado al escribirlo, en mí es cuestión lejana y que no deja de preocuparme. Y, por supuesto, a la que vuelvo consciente e, incluso, inconscientemente.

      Un abrazo.

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