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lunes, 5 de marzo de 2012

Aquellos premios



      Durante algún tiempo, sobre todo al principio de poner este blog en marcha, por enero de 2009, se puso de moda la concesión de premios entre bitácoras, a los cuales, posiblemente por bisoñez, no fui ajeno, aceptándolos y, a mi vez, repartiéndolos entre otros blogs amigos. LLegó un momento en que verse uno favorecido con una de estas menciones suponía, más allá del agradecimiento a la persona que lo concedía, cargada siempre de buena voluntad, un verdadero engorro, pues entre las obligaciones inherentes a su aceptación estaba la de trasladar el galardón a otros; en ocasiones, junto a no sé cuántos deseos que el premiado debía hacer público. Todo ello me llevó, en un momento determinado, a manifestar mi deseo de no recibir más diplomas que colgar en las paredes de la casa, aunque quedaran en ellas los ya recibidos. Con el tiempo, parece que esta moda, como todas, acabó por pasar. O, al menos, yo no he vuelto a tener más novedades al respecto, lo que, de seguir concediéndose actualmente tales galardones, significaría que se atendieron mis deseos. Ahora, y sin querer ser grosero con los blogs amigos que me hicieron partícipe de sus menciones, descuelgo de mi casa tales diplomas, aunque dejo en esta entrada constancia de ellos. Espero que se comprenda mi decisión y, sobre todo, que nadie de aquellos generosos donantes se moleste. Vaya por delante mi agradecimiento para todos ellos.

2 comentarios:

  1. Es de bien nacido ser agradecido y también saber colgarse la medalla con mérito...Yo nunca me he colgado un diploma de los que comentas. El mejor premio creo que es ser leido y comentado; aprender de los demás y compartir.
    Un abrazo

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  2. Coincido contigo, Esmeralda. Por eso creo que ha llegado el momento de despejar de cuadros las paredes y dejar que el aspecto de la casa sea juzgado por aquellos que quieran entrar y, simplemente, leer.


    Un abrazo.

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