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martes, 6 de marzo de 2012

Confidencias de un viejo enterrador


[Fotograma de El jovencito Frankenstein]


            No pienses que es tan grave esta tarea nuestra. Nada más natural y necesario que nuestro oficio. Nada más aséptico. A fin de cuentas, no deja de ser un trabajo más de acarreamiento: carga, descarga y un poco de albañilería. El atrezo, los coros, es algo ajeno a nuestra idiosincrasia. Y al final te acostumbras. Llegas por la mañana y andas entre las tumbas como quien anda, pongo por caso, entre las mesas de una enorme oficina. Con la ventaja, bien mirado, de que aquí no hay voces, ni ruido de sillas, ni reclamaciones de clientes tiquismiquis. Si acaso, el rumor del viento en los cipreses, el piar de los pájaros, el repiqueteo de la lluvia sobre el mármol de los panteones. ¿Voces? Ni una. Y tú, con la cuadrilla de operarios, a la faena previa del sepelio, a adecuar la fosa y los materiales necesarios para sellarla en su momento. Y todo ello, sin agobios excesivos, sin presión alguna de los jefes, sin necesidad de trabajar a destajo. Además, y esto no hace falta ni que te lo comente, que no es necesario ser un lince para darse cuenta, sin estar expuestos a los caprichos del mercado, a las oscilaciones, las modas o las crisis, que dicen, del ladrillo. Lástima, sin embargo, que prolifere cada vez más ese afán por las incineraciones.

2 comentarios:

  1. Más que "consejos" me parecen reflexiones o, si se mira hacia el final, hasta "lamentos": en todo caso, palabras cargadas de cordura, de "senequismo" y, cómo cabría esperar de alguien que ha visto tanto, con su punta de ironía... En resumen: que me ha gustado la entrada, Antonio.

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    1. Tienes razón, Alfredo. Posiblemente, eso de "consejos" habría que cambiarlo por otra palabra. Lo que ocurre es que este apunte, junto a otros que ya andan en la recámara, ha surgido a raíz del refrán: "Del viejo el consejo" (¿O es "De la vieja..."?) En cualquier caso, la idea de que alguien ya veterano, perteneciente a distintas profesiones (algunas, nada recomendables), dialogase con un novato en la materia me pareció interesante y, si soy capaz de plasmar bien esa idea ambigua que es ahora el proyecto, con ciertas posibilidades. Un diálogo (más bien, monólogo) en el que quepa ese "senequismo" que apuntas, y también la ironía, el desencanto, el humor... Siempre, con una extensión en el folio que esté entre los 15 y 18 renglones. Si quieres, una autoimposición caprichosa En esas ando, aunque despacio. Ya veremos en que acaba todo.

      Gracias, como siempre, por tu atención.

      Un abrazo.

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