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sábado, 3 de marzo de 2012

Silente arquitectura


 [Reloj de sol. Claustro del Monasterio de Santa María, en Xunqueira de Espadañedo] 
 
En su perpetua construcción
se desvanece el tiempo: esa mentira
que traza coordenadas suficientes
como para que andemos por la vida
orientados, o al menos
no perdidos ni extraños.
                                               Apreciamos
su discurrir en el rastro que deja
en nuestros rostros, en la voz que calla
acorazada en nuestros corazones,
en el enigma que supone
la recomposición perpetua de los nombres.
Y de este modo, en su caballo alado
—que es otra forma más del espejismo—
corremos sin aliento a un destino seguro,
donde el tiempo, ya nada,
se traduce en silente arquitectura. 

2 comentarios:

  1. Qué bien captada esa doble condición, quevediana y verdadera, del tiempo: polvo constante. Las piedras de Xunqueira, con el rasguño del reloj de sol, me parecen que subrayan la misma idea. Una feliz conjunción, Antonio.

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    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Alfredo. Pensé que el poema, que a mí me gusta, pasaba totalmente desapercibido. La imagen de Xunqueira, se me vino a la mente en cuanto subí el texto..

      Un abrazo.

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