Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

sábado, 28 de abril de 2012

El baloncesto

[Defensa 1-3-1. Imagen tomada del libro "Baloncesto: La defensa", de G. Primo. Edit. Mtnez. Roca. 1986]



            Al fútbol jugaba siempre de portero. No porque me gustase especialmente, sino porque como jugador de campo no rascaba bola. Así que, para no desentonar ni quedar mal ante mis compañeros, me pedía la portería; puesto que, por otra parte, no estaba demasiado solicitado. Allí, bajo los palos —un decir—, emulando al cancerbero de la selección española de la época, el mítico Iribar, titular del Athletic —que entonces era Atlético de Bilbao por “imperativo legal”—, hacía lo que podía, que en ocasiones era nada, y en otras, inspirado por váyase a saber qué ángeles, paraba cuanto me lanzaban los contrarios. Aun así, lo del fútbol, no era algo que me ilusionara. Por eso, al llegar con once años al Instituto y ver las primeras canastas de baloncesto (y de minibásket) supe que aquel deporte era el mío. Enseguida me apunté al equipo de la clase, y pasábamos los recreos en la cancha, corriendo de un lado para otro, atolondradamente, sin orden ni estrategias, sin jugar en equipo (el que cogía el balón, botaba, corría hacia la otra canasta y lanzaba, así tuviera a todo los contrarios sobre él), con un mosqueo continuo entre unos y otros que, por supuesto, no iba más allá de pasajeras discusiones. Coincidió también que por entonces el baloncesto comenzó a cobrar presencia en la televisión (retransmisiones de la mano del recordado Héctor Quiroga), y a base de fijarnos aprendimos que aquel, aunque nosotros pensáramos lo contrario, era un juego de equipo: que en el campo mandaba el base, que los aleros metían los puntos y que los pivots se fajaban bajo los aros y cogían rebotes. Claro, que todo eso no era sino teoría, porque más de un base debía de pensar que el balón era suyo, y él solo se lo guisaba y comía, con el consiguiente cabreo de los demás, que le llamaban chupón, y otras lindezas menos sofisticadas. La llegada de alguien más avezado en tal deporte para ocupar el cargo de entrenador vino a poner un poco de orden. Un plan de entrenamientos adecuado, cierta disciplina y la insistencia en cuestiones técnicas y tácticas nos hicieron tomar conciencia de la labor y responsabilidad de cada uno en el equipo. Comenzamos a diferenciar una zona 1-2-2 de una 2-1-2, y por supuesto de una 1-3-1 (aquella que tan bien hacía el Ignis de Varese); y a defender Hombre a hombre, o Box and one (o Defensa en caja, dicho en castellano). Y por primera vez tuvimos un balón reglamentario, y uniformes que nos hicieran reconocibles como un verdadero equipo. Bien es verdad que los primeros tiempos fueron duros, y que las derrotas se sucedieron a razón de una por partido. Pero no es menos cierto que eso no nos desmoralizaba, y que continuábamos jugando y divirtiéndonos con la misma ilusión que si ganásemos, algo que con el tiempo también llegó.
            Continué practicando el baloncesto hasta poco después de volver del servicio militar, tiempo en que uno, hecho ya un hombre, comenzó a enfrentarse con asuntos directamente relacionados con la supervivencia. Desde entonces, sólo en alguna que otra ocasión he vuelto a tener un balón en mis manos, a sentir la maravillosa sensación que produce el sonido de la red tras una canasta, a compartir una “pachanguita” con los amigos. Sin embargo, continúo fiel al baloncesto. No en vano este deporte, igual que la poesía, me trajo a más de uno de mis amigos más cercanos.Y eso que mi padre me decía que ninguna de las dos cosas (baloncesto y poesía) me haría rico.

2 comentarios:

  1. ¡Antonio, esta es una de mis "Notas para esbozar apuntes"!
    Ese chico que reflejas ahí, soy yo también.

    Abrazo desde la línea de personal.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Elías, me alegro de que por fin hayas podido cruzar la puerta de entrada. Es lo que tiene, como ya hemos dicho otras veces, "la cosa de la informática". Dicho esto, te diré que este fragmento lo tenía escrito hace tiempo y me llevó a rescatarlo tu "Nota" sobre el fútbol. Esperaba, dada también tu afición al juego de la canasta, que pudieras hacerlo un poco tuyo.

      Abrazo (en suspensión).

      Eliminar