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jueves, 26 de abril de 2012

Ocaso


[Atardecer en Benidorm © C. Elvira]


            Ver la luz que se hunde en el extremo opuesto de las aguas, allá en el horizonte, en una llamarada indescriptible desde el rojo al violeta, y luego el negro. Verla, y saber que mañana el sol irrumpirá de nuevo. Verla, y pensar que siempre, para alguien, es la última vez. Verla y no verla ya. Como la vida.

4 comentarios:

  1. Lo que nos atrae del atardecer, además de su belleza, ¿es una especie de defensa anticipada frente al propio acabamiento, como si dijéramos un irse preparando? Quizás nuestro cerebro, al ver esa explosión de colores que se hunde en lo oscuro (y que tan bien refleja la foto de Carmen), comprenda que un fenómeno así no es de naturaleza distinta al que le aguarda a él, incluso al que él (es decir, nosotros a través de la conciencia) vive cada día.

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    1. Pues, seguramente, sí; seguramente esa atracción tenga algo que ver con la conciencia de, como también apunta Omar, lo efímero que es todo. Tal vez, a la vista de los pocos instantes que el sol tarda en desaparecer, esa sensación se manifieste con más intensidad y nos ponga en alerta máxima, por así decirlo.

      Un abrazo.

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  2. da cuenta de lo efímero que es todo,
    saludos desde Uruguay

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