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domingo, 27 de mayo de 2012

Romancillo


[Imagen del Castillo de Loarre, tomada de Wikipedia]


A deshoras, desciendo
a los sótanos fríos
en los que aguardo a solas
mi llegada. Me miro
—nos miramos— y pienso
que ese desconocido
que viene hasta mi encuentro
no sabe que yo mismo
habito en sus preguntas
como él lo hace en mis signos,
sin que los dos sepamos
que somos como el río
que fluye sin saberse
desde el mismo principio
en que su piel de agua
empezó a abrir camino.
Sólo por un instante
observo sorprendido
que sostengo la sombra
de mi propio enemigo.

2 comentarios:

  1. Y son las manos imaginadas las que arrullan tu mirada.

    Leerte es siempre una feliz aventura Antonio.

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    1. Supongo, Eli, que el comentario irá por la entrada anterior. En cualquier caso, recibirte en este rincón siempre es motivo de alegría.

      Con toda gratitud, un abrazo.

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