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miércoles, 30 de mayo de 2012

Si Garcilaso volviera...


            Desde el centro del puente miro a izquierda y derecha, al este y al oeste. Contemplo las barrancas que se hunden en el río y la casa en lo alto del cerro; y al sol, que asoma en pura llamarada. Una luna mordida se detiene y observa; unas grullas, en perfecta formación, acaban de cruzar quién sabe adónde; unas nubes viajan sin ánimo de lluvia. Y vuelvo la mirada nuevamente a ese hilo de agua que parece detenido para siempre; verde oscuro, jaspeado de espumas que nos avisan de la contaminación de lo que un día fuera transparencia. Desde el centro del puente vuelvo atrás la memoria: aquí, por aquí, aproximadamente, me bañaba de niño; el río era otro; poderosas, bajaban sus aguas hacia el mar; cantarinas y limpias, llenas de vida. Podía ver los peces rondándome mientras yo daba mis primeras brazadas y aprendía a nadar de la mano segura de mi padre. Debía de ser, más o menos, por aquí; unos metros cauce arriba o abajo. Ahora no reconozco el río de mi infancia. Este puente en que estoy, según se dice (yo no sé si ello es cierto), es el segundo más alto de Europa. Bajo sus ojos, apenas pasa lo que fuera El Tajo, el Padre Tajo.
         Si Garcilaso volviera...



  [Imagenes: Puente de Castilla-La Mancha, sobre El Tajo, en Talavera de la Reina  © A.C.G.]

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