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lunes, 21 de mayo de 2012

Tiro de lira

[Juglar: pintura medieval]

La sombra en que defino
la identidad plural de mi presencia
precede mi camino,
y afirma mi existencia
como el espejo que es de mi conciencia.

Así, mientras habito
el cuerpo en el que soy, ya me disperso,
y en el silente rito
que da lugar al verso
de mí surjo total: uno y diverso.

El verbo, mientras tanto,
sigue siendo el espejo donde un día
fijé mi desencanto,
la duda que fulgía
y que fue, desde entonces, compañía.

El verbo me traspasa
con su puñal sonoro mientras vivo,
y en tanto que me abrasa,
invade, posesivo,
el eco en que me habito y soy cautivo.

En el verbo sostengo
mi propia sinrazón y mi memoria.
Desde el verbo provengo,
y cautivo en su noria
hacia el verbo regreso a ser escoria.

Contra el verbo batallo.
abocado a la cruz de la derrota;
y en el verbo subrayo
una presencia ignota
que a veces me da vida; otras me agota.

Fugaz e inútil gesto
que roza, sin embargo, el paroxismo.
Siempre vano pretexto
al borde del abismo
desde el que inicio el salto hacia mí mismo.

2 comentarios:

  1. Sí, el verbo nos hace y nos deshace. Nos condena y, sobre todo, nos salva.

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  2. No puede decirse mejor con menos palabras, Amando.

    Un abrazo.

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