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miércoles, 9 de mayo de 2012

Un juego muy serio


[Hombre sentado ante la mesa. Museo Zabaleta, en Quesada (Jaen)]



El poeta no escribe... ¿qué le pasa al poeta?
La musa se ha mudado y no inspira ni inquieta,
que ha perdido la gracia, que ha perdido el humor.
El poeta se esfuerza y no llegan los versos,
hace malabarismos, busca otros universos,
y sólo, de la nada, se escucha su clamor.

En la calle, la gente, presa de la locura
que la ciudad contagia, camina con premura.
El poeta la mira y busca inspiración.
Y mira en sus adentros y en las hemerotecas,
en los libros de historia y en las páginas huecas
que se dejó olvidadas entre su corazón.

Pero nada le inspira y nada le emociona,
su mirada, vacía, en la noche se encona,
y así se queda mudo, con anhelante voz.
Y aunque atiende al silencio, el silencio se niega
a acudir al rescate, y la furia lo ciega.
Desesperadamente, se abandona a Berlioz.

La música le calma, pero sólo un instante,
enseguida regresa a su voz anhelante,
a la página virgen, a un sueño de cristal.
Y ensaya unas palabras, y tacha nuevamente.
Mil miradas ajenas se asoman a su mente,
y no encuentra la suya, que le hace tanto mal.

Ay, el pobre poeta, ¿qué será de su vida
sin un verso que atore la sangre de una herida,
que fluye, desbocada, en rojo manantial?
Mas, si el hombre un instante se sincera consigo
y por unos momentos no se mira el ombligo,
habrá de convenir que no le va tan mal.

Si los versos no fluyen, ¿será porque la musa,
tan ladina y meliflua, se muestra más abstrusa?
¿O será, simplemente, que él no pone tesón?
Lo más probablemente es que el poeta sea
todo menos poeta, y sólo verborrea
fuera lo que brotara de su pluma y su son.

Dese, pues, el poeta, a otras habilidades, 
y déjese de coplas, sonetos y verdades
que, al traducirse en rima, dejan de ser verdad.
Dedíquese, si quiere, a la literatura,
siempre desde el gozoso país de la lectura,
y olvide, si lo tiene, su afán de eternidad.

6 comentarios:

  1. Qué maestría rítmica, pardiez. Estoy seguro de que no le hubiera desagradado a Rubén (Darío, por supuesto).

    Y en cuanto al fondo del juego, ahí va una improvisación: «Dedíquese el poeta / a no dudar de sí / mismo. Pues el abismo, / que a todos nos inquieta, / tiene su frenesí / y también su quietismo. // Los días, las razones,/ las puñeteras musas...: / todo muñecas rusas. / Carrusel de emociones, / con cordura o locura, / la vida no se cura.

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    1. Lo de la maestría rítmica, me temo que tiene poco mérito. El poema de R.D. lo leí en su día tantas veces, y los alejandrinos son tan agradecidos, que podría decirse que, en este sentido, éste discurrió solo.

      En cuanto al fondo, lo doy por bien empleado si sirvió para improvisación tal; sobre todo, para llegar a esos dos versos finales que me encantaron: con cordura o locura, / la vida no se cura.

      Abrazos.

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  2. LAMENTO MI LARGA AUSENCIA, LOS DEVENIRES ME HAN DISTRAIDO UN POCO. GRACIAS POR ENTREGAR EL ALMA EN CADA VERSO, POETA.

    ESPERO VISITARTE MAS AMENUDO Y DISFRUTAR DE TU COMPAÑIA.

    MAR

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    1. Ya sabes, MAR que la puerta de este rincón de verbos y penumbras siempre está abierta. Gracias por las visitas.

      Abrazos.

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  3. ritmo armonioso, en el desasosiego
    de un estado de incomunicación con las musas,
    pero sí que han estado!
    saludos

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    1. Ay, Omar, tal estado acaso sea el que nos mueva a la escritura. Yo, sin embargo, pienso que en los últimos tiempos, más allá de juegos como éste, poco estoy sacando de las musas (Poesía, con mayúsculas, quiero decir.)

      Gracias por tus palabras.

      Saludos.

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