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miércoles, 20 de junio de 2012

Cirugía cotidiana: operación de riñon (*)


(*) Léase la siguiente crónica en voz alta, dándole el tono que el mítico Matías Prats diera a sus retransmisiones deportivas; o sea, haciéndose a la idea de que se está narrando un partido de fútbol de la selección española en los años cincuenta, cuando, tan lejana de la técnica sutil que ahora se gastan los nuestros, era la famosa "furia española" lo que prevalecía. Al final de la página, puede degustarse el original.

Buenas tardes, señoras y señores,
hoy la retransmisión,
desde la Residencia Los Dolores,
se ocupa de un transplante de riñón.

En una tarde plena
de expectación que flota en el ambiente,
el quirófano estrena
instrumental y un nuevo fluorescente.

Hasta este Coliseo se han desplazado,
para insuflar su ánimo al enfermo,
el padre del enfermo, su cuñado,
su suegra y la mujer, que porta un termo.

Amén de otros enfermos, que han venido
desde "Las Pupas en el Ojo Ajeno",
clínica de solera, que ha traído
a su último operado de duodeno.

Desde nuestra atalaya se divisa
una pancarta, con afán de ayuda:
"ADELANTE, JOSÉ, DESDE COVISA,
LA PEÑA "RIÑONADA" TE SALUDA"...

Pero sale, señores, a la cancha
el equipo, formado, del paciente:
al frente, la portera, Marta Sancha;
cerrando, el jardinero, Luis Vicente.

(El enfermo lleva ojeras de luto
a causa del fatal fallecimiento
de un colega, Benito Sisebuto,
operado de igual padecimiento.)

Y aquí sale también mientras la ola
se agita por las gradas de la sala
Menéndez, el doctor; con Argensola,
el Practicante; y Manolín Zabala,

un gran anestesista incorporado
de la Clínica El Pie Despachurrado.
(De blanco riguroso la enfermera
se empolva la nariz, mientras espera.)

Pero para que tengan referencia
del terreno de juego, nos situamos
en la estación de tren de esa excelencia
que es Medina del Campo.

A la izquierda,  una estufa; más al fondo,
un armario que guarda instrumental;
la camilla, de frente; y, cenital,
la sala de consulta en el trasfondo.

Moneda al aire. Nuestro enfermo escoge
que le intervengan a favor del viento.
Comienzan a operar en un momento.
Va la enfermera, que, ¡atención!, recoge

balón de oxígeno, cede a anestesista,
se acerca hasta el enfermo y con la vista
desvía su atención y le coloca
con precisión la máscara en la boca.

Señores, bisturí. Viene Argensola
a sacar bisturí. ¡Muy mal! ¡Qué pena!
¡Solo que estaba y casi se cercena
la propia mano en una carambola!

Ya lo mete en formol, pasa al galeno.
En corto. Mide, avanza el titular,
requiebra a la defensa, pone el freno,
y vuelve a acelerar.

¡Señores, qué jugada! ¡Y ha cortado
con genio en la tripita de José!
Escuchen a la grada, puesta en pie:
¡Viva Menéndez! ¡Vaya cirujano!

Saca el riñón. Lo envía a la enfermera.
Alto y fuerte. Lo para con el pecho.
Lo controla y lo lanza para afuera.
Por la ventana. Firme y por derecho.

En el patio lo coge la portera.
Muy segura. Tendiendo, como estaba,
la ropa, delibera
el riñón en la mano y se lo pasa

de sobaquillo, con la manosucia,
al médico. De nuevo, el cirujano
avanza hacia el enfermo el tiempo acucia
y coloca el riñón con una mano.

Por último, remata con la gasa,
y con esparadrapo lo repasa,
finalizando así la intervención :
José, cero; Menéndez, un riñón.

Queridos radioyentes, eso es todo.
Volveremos a estar aquí mañana,
para contarles cómo suelda un codo
en nuestra Cirugía cotidiana.


8 comentarios:

  1. Chapó, Antonio: además de recoger la esencia del relato, me parece que la imposición de las rimas de los (predominantes) serventesios, lejos de convertirse en un obstáculo, desemboca en una narración fluida, al tiempo que el ritmo de los endecasílabos, tan bien encabalgados y atinadamente quebrados de vez en cuando con heptasílabos, consigue mejorar, y notablemente en mi opinión, el original; al menos respecto a la grabación que incluyes; quizás hubo "retransmisiones" más inspiradas del maestro.

    Para leerlo, como pides, a la manera de Matías Prats, convendría pronunciar las eses, sobre todo las iniciales, como efes («buenas tardes, feñoras y feñores»), truco que el maestro radiofónico reconoció que empleaba para evitar el ceceo propio de su origen malagueño. Escuchando con atención alguna de sus grabaciones aún es posible percibirlo.

    En todo caso, una brillante y muy oportuna contribución en estos días de eurocopa

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    1. Buen apunte, Alfredo, ese matiz sobre las narraciones del mítico locutor. En cuanto a la "retransmisión rimada", ligeramente modificada con la escrita antaño, aunque esté mal decirlo por mi parte, creo que, efectivamente, tiene cierta gracia y el ritmo necesario como para considerarla una "re-creación" del original del Maestro Gila. No cuento con herramienta para grabarla con mi voz y haberla subido, junto al texto; algo que me hubiera gustado.

      Gracias por tus precisos comentarios. Abrazos.

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  2. Paso a saludarte en estos días de inmenso trabajo por el fin de curso. Genial aportación a tu blog.
    Un abrazo

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    1. Qué miedo me da, Esmeralda, ese calificativo: "genial". ¿Lo dejamos en "amena aportación", quizá más exacto?

      Gracias por la visita. Y a por el último apretón, que luego vienen las vacaciones.

      Abnrazo.

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  3. La verdad es que tiene su aquél... ¿Y si se diesen las clases de cualquier materia de este modo, no se aliviaría en algo el fracaso escolar? Lo digo por dos cuestiones: porque la sonoridad de las rimas es una vieja regla nemotécnica que se debería recuperar, y porque el fútbol (y similares) interesa a más y más y más y más...

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    1. Pues tienes razón, Amando; no estaría mal echar mano de las rimas para más de una lección. Igual nos sorprendíamos ante su posible eficacia a la hora de enseñar.

      En cuanto a la "crónica", no deja de ser un divertimento con el que disfruto, a falta de inspiraciones de más enjundia.

      Abrazo.

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  4. Gila, genial,como siempre. ¿Y quién mejor que tú, acérrimo seguidor, para traerlo? Recuerdo haber tenido un LP con grabaciones de monólogos suyos -entre otros, aparte de éste, el archifamoso de la guerra, o el de las fiestas del pueblo, o el de la factura del colegio-, pero en algún traslado se me quedó por el camino.

    Gracias por las risas, Antonio.
    Abrazo.

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    1. Tú lo has dicho, Elías: Gila, genial. Yo, divirtiéndome con estas rimas "versionando" sus historias.
      ¡Qué malos son los traslados! ;)

      Un abrazo con sonrisa.

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