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jueves, 14 de junio de 2012

La guerra de Gila


[Viñeta de Miguel Gila]


Voy a contarles cómo hice la guerra.
Por entonces, el menda trabajaba
de mozo de farmacia. (Vida perra,

pues rompí una aspirina que guardaba,
y al paro me mandaron sin reparo.
Y me fui pa' mi casa.) Cuando estaba

triste, llegó mi tío Gundemaro
leyendo el A B C, donde decía:
Se busca buen soldado que esté en paro

y mate bien. Y sentenció mi tía:
—Apúntate, que eres espabilao...;
aunque habrá que comprar caballería.

Dijo mi madre: —Por lo que he escuchao,
el caballo lo dan en el cuartel.
Y mi tía: —¡Ya! ¿Y quién lo habrá montao?

Mejor que tenga el suyo hecho un pincel.
Así es que nos pusimos a buscar,
por la ciudad un práctico corcel.

Pero no lo pudimos encontrar.
Los vendían con moscas y con carro,
y nos dijo mi tía que ni hablar,

que no iba ir a la guerra ya hecho un guarro,
con moscas por el rabo a tutiplén;
que vaya ejemplo y vaya despilfarro:

—Andrea, sin caballo, pero bien
limpito, perfumado y replanchado.
Después, una tortilla en la sartén

me hicieron, de bonito escabechado,
y allá que me marché para la guerra;
aunque, eso sí, bastante despistado.

Cuando llegué a la puerta, una cencerra
toqué, hasta que asomara una señora:
—¿La guerra del catorce es ésta? —Yerra

—me contestó, sonriendo encantadora—.
Es la del dieciséis. Tire p’abajo,
aunque estará cerrada. Por la hora...

Allí en la puerta, un reclutilla bajo
me dijo: —Hola, qué tal, cómo disparas.
y yo le dije: —Ahora, con trabajo;

pero cuando me entrene, hasta en algaras
me va a poner el bueno del teniente.
En esto, éste llegó, con unas caras...

—¿Qué quieres tú? —me dijo, displicente.
—Que yo he venido por lo del anuncio.
—¿Y dónde está tu arma, so valiente?

Y yo: —Temo pillarle en un renuncio,
pero pensé que usté me la daría;
aunque... en fin, la verdad, no me pronuncio.

Y el teniente, con cara de alegría:
—Aquí cada uno viene con la suya.
Así el que rompe paga. ¿No sabía?

Y yo otra vez, dolido por la pulla:
—Yo lo que traigo es una vieja bala
de Cuba; de mi abuelo. —¡Ya! ¡Aleluya!

—dijo el teniente—. Y al tirar la bala,
¿qué harás después, recluta?. —Yo pensé
atarle un hilo, y con la martingala,

después de disparar, ya verá usté,
tiro del hilo; así la bala viene,
y vuelvo a dispararla. —Je, je, je...

—se rió el teniente—. ¡Qué gracioso el nene!
¿Y si se rompe el hilo, qué le queda?
Ni bala ni cordel, si es que no tiene..."

—Y es que, además —habló el Brigada Ojeda—,
esa bala es mu gorda pa'l fusil...
—Pues si la lima, irá como la seda—

se atrevió a intervenir el cabo Gil.
Y el teniente le dijo que era idiota,
y que no oyó jamás na tan pueril.

Me dijeron: —Vigila aquella cota.
Y allí que estaba yo, tan calentito,
cuando viene el sargento, hecho una sota:

—Recluta, atiéndeme, o te decapito:
Te vas ahora para el enemigo
a pedir el avión. ¡Y rapidito!

Y no crean que yo iba de mendigo,
pues al llevarnos bien con los de enfrente,
sin contrato firmado ni testigo,

el avión era de uso intermitente.
Ellos, bombardeaban en los nones,
y nosotros la fecha precedente.

El caso es que me fui —¡vaya misiones!—
a pedir el avión, y me dijeron
que estaban arreglando los pistones.

y que no había avión. No me lo dieron,
y yo me fui a decírselo al sargento,
y el sargento estalló: —Ya no cumplieron...

Después, para expresarme su contento,
me hizo vestirme de lagarterana
y me dijo: —Vete a su campamento,

y apáñate pa' que antes de mañana
tengas aquí los planos del fortín.
Y otra vez que me fui a su barbacana.

—Soy Maripili, y vengo al polvorín
—dije, disimulando mi hombradía.
Y dijo el enemigo: —Chiquitín,

llevas tú poco tiempo siendo espía.
—Desde las once —dije descubierto.
—Si es que se ve. Te falta picardía.

Total, que me volví, aún boquiabierto,
y me encuentro el cuartel desmantelao,
en medio de un enorme desconcierto.

Y pregunto al furriel que qué ha pasao,
y me dice que na, los inspectores,
que al no tener licencia, han clausurao

la guerra. Y que hasta luego, y que, señores,
que cojan bacalao y perejil,
y cada uno a su casa y sus labores.

(Y así hice yo la guerra sin fusil.)

4 comentarios:

  1. Ingenioso e hilarante. Me encanta ver como logras mantener el pensamiento en crescendo hasta que salga por nuestros ojos con otro acento. Un abrazo Antonio.

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    1. El mérito, Eli, como ya he dicho en alguna otra ocasión, es sólo de Gila. El rimarla historia es sólo cuestión de "oficio". ç

      Un abrazo.

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  2. Siempre nos quedaremos con la duda de saber que hubiera opinado el maestro de este fino trabajo de orfebrería verbal. Y si se hubiera atrevido a recitarlo. Yo creo que le hubiera sorprendido muy favorablemente. Y que sí. Un placer releerlo.

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    1. Como tú dices, Alfredo, nos quedaremos con la duda. Yo me quedo con el poder seguir disfrutando de sus historias y con el placer del juego en esto de rimarlas.

      Un abrazo.

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