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jueves, 19 de julio de 2012

La Voz y su insistencia


[Imagen:  © A.C.G.]

No te negué tres veces, sino tantas
que no tengo memoria de la cifra;
que no tengo constancia del abismo
abierto entre tu voz y mi extrañeza.

Tú me llamaste y, sin embargo, estaba
ocupado en inanes menesteres;
y te negué sabiendo que clavaba
un puñal invisible en mis entrañas.

Pero siempre insistías, decidida
a captar mi atención, pues no es el tiempo
medida que te importe. A fin de cuentas

conoces mis flaquezas y mis ansias
y de sobra sabías que el momento
para reconocerte llegaría.

7 comentarios:

  1. ¡Cuántas veces arrinconamos nuestra propia voz, o voces ajenas anegando razones que nuestros oídos no saben o no quieren escuchar!
    Un soneto para reflexionar, Antonio, para reflexionar mucho.

    Un abrazo

    FINA

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    1. Gracias, Fina. Es cierto que en más de una ocasión nos cuesta oírnos a nosotros mismos, hallar la palabra exacta, expresar cuanto somos. Sin embargo, en estos soy optimista, al final acabamos por coincidir con esa voz. Entonces, surge el poema.

      Un abrazo.

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  2. Tres posibles respuestas-impulsos a este magnífico soneto, en todas ellas con la admiración por delante.:

    1. ¡Kikirikiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

    2. Et tu es Petrus....

    Y la 3 (que, amansados los fantasmas bíblicos y la presunta gracia, es la que puede tomarse en serio, si acaso): reconocer la voz y acudir a su llamado es lo único que verdaderamente cuenta para quienes tienen como algo más que un mero pasatiempo el don de la palabra y sus ausencias, y más y más en la medida en que se es consciente de cómo el tiempo pasa y lo demás qué importa. Me quedo, como como mensaje de vasta consolación, con la idea, algo platónica (¿y cuál no lo es?) pero verdadera, de que el conocimiento acaba siendo reconocimiento.
    Una pieza singular, Antonio, de verdad.

    (Para que no falte mi lado grillado (de pepito grillo): ¿qué tal si se suprimiese en el título la referencia explícita a la Voz? ¿No gana el poema en misterio pero también en amplitud de significados, que de hecho ya están presentes en él? «Su insistencia» podía ser una opción; no sé si disparatada, además de osada...)

    Abrazos

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    1. Salvadas tus dos primeras "respuestas-impulsos", a las que no me queda más que asentir, demos contestación a la tercera con otra reafirmación a lo expresado, pues, efectivamente, platónica o no, la idea del conocimiento dando en reconocimiento tiene muy mucho que ver con el meollo del soneto, guardado por cierto en el baúl de los recuerdos desde hace unos cuantos años y que ayer, no sé muy bien por qué, me dio por desempolvar.

      En cuanto al título, bien podría ser el que apuntas o cualquier otro. Sería algo a cuestionar si algún día se planteara la posibilidad de pasar por la imprenta el poema que nos ocupa.

      Sobre tu último apunte, en el siguiente comentario, nueva afirmación. Efectivamente, es un fragmento de los frescos que pueden contemplarse en una de las fachadas de La Corredera del Cristo de nuestro, para bien y para mal, pueblo; o muy noble y muy leal ciudad, como la denominara D. Miguel en su Persiles.

      Abrazos

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  3. Se me quedó en el tintero una pregunta sobre la foto: ¿es una de las pinturas de la Corredera? Me parece que sí, pero no estoy seguro.

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  4. Hola, Antonio.
    Suena simple lo que voy a decir, pero es que es así: tu soneto me ha emocionado. No hago comentarios técnicos porque no entiendo, pero sí sé algo de emociones.

    que no tengo constancia del abismo
    abierto entre tu voz y mi extrañeza.


    Me ha tocado muy de cerca, por circunstancias personales. ¡Gracias!

    Y gracias asimismo por tu aclaración respecto a ese supuesto escrito de José Luis Sampedro. Ya he eliminado la entrada.

    Un abrazo.

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    1. Estimado Antonio, por los versos que citas, no sé si tal elección tiene connotaciones positivas o todo lo contrario. En cualquier caso (ya se ha dicho), el poema deja de ser del autor una vez que sale a la calle. O sea, que esos versos, si así los consideras, puedes sentirlos tuyos.

      En cuanto a lo de Sampedro, ya se sabe que esto de internet tiene sus riesgos, y cuesta a veces diferenciar lo cierto de lo falso.

      Un abrazo.

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