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miércoles, 1 de agosto de 2012

Dos haikús de agosto

[Fotografía: ©  Jesús García Martín]


1

Tarde de estío.
Oro viejo los campos,
silencio azul.

2

Siesta de agosto.
Hacendosa la hormiga,
chicharra loca.

8 comentarios:

  1. -Ambos hermosos
    no: el primero... Bello!

    Gracias por líneas así ;)

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    1. ¿Anónimo? ¿Anónima? Me cuesta dar respuesta cuando no sé quién está detrás de las palabras a las que respondo. En cualquier caso, gracias a quien seas por estar ahí y hacer que estos textos no caigan en el vacío.

      Un saludo.

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  2. La verdad es que huele y suena a verano en estos haikus. Y gracias a tus versos me llegan algunos recuerdos de la infancia, cuando íbamos al pueblo de mi padre, y allí, bajo un sol abrasador, junto a la ermita, veíamos trillar en las eras.

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    1. Resulta curioso cómo la palabra "verano" (a mí también me pasa) tendemos a asociarla con la infancia. Quizá porque era un tiempo de total libertad y sin las obligaciones escolares a las que debíamos enfrentarnos durante el resto de las estaciones.

      Gracias por la visita. Un abrazo.

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  3. Bellos haikus, Antonio. Las nubes no tienen espacio en este canicular agosto, duermen.

    Un abrazo

    FINA

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    1. Fina, gracias por tus palabras, que traían, a modo de mensaje cifrado, este haikú:

      Sólo vitriolo
      en el cielo: canícula
      lenta de agosto.


      Tómalo como tuyo. Un abrazo.

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  4. Hermosas plantas caniculares, les va bien el color amarillo.
    Anteayer, volviendo hacia Madrid a la caída de la tarde, tomé este apunte del natural:

    Tarde de agosto:
    no se quiere ir el día,
    la luna inquieta.

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    1. Preciso, además de sugerente y bello, este haikú, digamos, entre dos luces. Se me ocurre también, como continuación:

      Desde la altura,
      la luna espiga el oro
      que el sol sembrara.

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