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domingo, 19 de agosto de 2012

El sueño


[Imagen tomada de "Fondos y pantallas]


            Allí, en medio del sueño, no llegaba a entender la presencia del tigre ajeno a sus discursos. No es que le pareciese absurdo o paradójico, pues en medio de los sueños todo es posible. Sin embargo, el hecho de que aquel soberbio animal se paseara displicente ante ellos era algo que en ese momento, en el discurso racional —o irracional— del sueño, escapaba a su percepción lógica. Qué absurdo, empero, hablar de percepción lógica, cuando lo que describía era el meollo mismo de un sueño; esa parte del mundo a la que se accede mientras se duerme y en la que todo puede ser posible: la presencia de un tigre en una habitación en la que se trata de asuntos de estado, o la de alguien que murió hace muchos años y acude como quien viene a cenar una noche cualquiera, y charla con nosotros y nos cuenta chismes y noticias de extraños a los que, por medio del conjuro propio de los sueños, podemos conocer.
            Al cabo de algún tiempo, de repente, cayó en la cuenta de por qué le llamaba tanto la atención la presencia del tigre. No era por sí misma, sino porque el tigre —imponente, en todo caso— parecía estar predispuesto al camuflaje. Su rayas esenciales, negras sobre el color tostado de su piel, se habían transformado en blancas y negras, y su imperial cabeza en la de un manso burrillo; como su cuerpo y sus patas. El tigre, se dijo, es una cebra.
            Despertó con una sonrisa dibujada en el rostro. Una cebra, repitió. Y se acordó de alguien.

2 comentarios:

  1. Un relato lleno de vivencias oníricas. En los sueños lo imposible no existe, pero es menester saber, y, de hecho, lo sabemos, que en la realidad, el tigre de tu sueño, puede ser mañana, una cebra o un burrillo manso y dependiente.

    Un abrazo

    FINA

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    1. Pues sí, Fina, eso que apuntas también puede ser cierto.

      Un abrazo.

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