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miércoles, 29 de febrero de 2012

Era

[Primera luz © A. C. G.]


Era una sombra a la deriva
por los torbellinos del tiempo,
sin más futuro que mis ojos
diluyéndose en el silencio.

Era los restos de un naufragio
multiplicado en los espejos
de mi dolor enamorado,
mendigo siempre de otros fuegos.

Era una sombra y, de repente,
me vi bañado en luz, pues era
tu propia luz mi paraíso.

Lo que fui ya no soy, que tengo
la claridad de tu mirada
en compartida soledad.

martes, 28 de febrero de 2012

La sombra en el relato

[Fotograma de la película "Buenas noches y buena suerte", de George Clooney)]


            Corrí hacia la casa en busca de un refugio capaz de protegerme del frío y de una inconcreta amenaza que parecía perseguirme durante todo el día. Tras dejar el abrigo en el perchero de la entrada, me dirigí a la cocina y preparé una infusión que templase mi cuerpo. Luego, con la taza humeante calentando mis manos, fui hasta la habitación de trabajo y me senté ante el ordenador. Escribí ajeno al discurrir de las horas y a la llegada de la noche. Sin embargo, puesto fin al relato y revisada su estructura, me percaté de que cuanto había tramado en mi imaginación, todo aquel artificio de personajes, equívocos y suspense, se reducía a la descripción de un hombre que huía del frío, entraba en su casa, preparaba una taza de té, escribía. Y, justo cuando empezaba a asumir que todo aquello era así, las palabras fueron diluyéndose ante mis ojos, como si una lluvia redentora llegara hasta la médula del texto y lo hiciese desaparecer, convirtiéndolo en manchas de alquitrán sobre aquella nieve luminiscente.
            Ahora, vuelvo a beber de una taza de té, ya fría, y pienso en ese extraño que trasladaba palabras al papel. ¿Qué nos diremos la próxima vez que coincidamos?

lunes, 27 de febrero de 2012

"Fragmentos", en el Digital de Castilla La Mancha

Acabo de ver el comentario que  firma Pedro López Gayarre en el Digital de Castilla La Mancha, del pasado sábado, y que dejo aquí. Muchas gracias, amigo.

Caminando


           

 Camino a ningún sitio. El sol me ciega. Jamás me detendré hasta encontrarme.

domingo, 26 de febrero de 2012

Las otras voces

[Entre "voces" © C. Elvira]


           Me reconozco en voces que saben más de mí que mi mano y mi voz. Quizá por ello ese distanciamiento con mi poesía, esa desgana para enfrentarme al verso. Escrito ya lo escrito, rara vez me emociona. La imagen que pretendí fijar, tan nítida en mi mente, se vela en el azogue de la página como un rostro que busca su mirada en las aguas de un lago. También es cierto que, en ocasiones, un poema parece aproximarse a lo intuido; quizá lo suficiente como para que merezca ser absuelto. Así lo hago. Mas casi siempre el tiempo viene a poner las cosas en su sitio. Por eso vuelvo una y otra vez a las otras voces. Por eso también regreso a mí. Inevitablemente.

sábado, 25 de febrero de 2012

Hay viajes que son alucinantes (otra de Gila)

[Aquí, otros viajes del maestro]


                                                                  Con mi mayor respeto y admiración
                                                             al maestro del humor, Miguel Gila.
 

Hay viajes que son alucinantes:
los llaman tur. (Cosas de los franceses,
pues escriben to-ur, interesantes,

y no pronuncian la "o", ya descorteses.
Que digo yo, que en ese plan de ahorro,
pa' qué dan al idioma esos reveses.)

Andaba yo leyendo con engorro:
Pla-za-de-La-fa-ye-te, una mañana,
y a mi lado pasó con ese gorro...

un enano francés, de risa vana.
Me dice: Lafayé. Le dije, airado:
Tu padre la falló. ¡Vaya tangana

que se montó! Después ya me he enterado,
que dejan, por ahorro o por usura,
el fin de la palabra recortado...

Como aporta el viajar tanta cultura,
me decidí a viajar en vacaciones.
¡Seis países por Europa! ¡Qué aventura!

¡Y en cinco días! ¡Cuántas emociones!
En autobús, con chófer veterano,
volábamos igual que los aviones.

La cosa comenzó en El Vaticano.
Por cierto, lo contemplas a derecha,
a izquierda, desde arriba o a trasmano,

y alucinas mirando la cosecha
que de aquel pesebrillo han obtenido
en más de veinte siglos en la brecha.

Nos prestó audiencia el Papa, muy cumplido,
en la sala de audiencias. Y Grajera,
un andaluz gracioso y decidido,

se resbaló al entrar, de tal manera,
que aterrizó junto a Su Santidad,
y éste le dijo: Hermano, buonasera.

Y Grajera, con mucha seriedad:
Buena sera, que no hay quien lo discuta;
pero, además, que musha cantidad".

Después de aquello continuamos ruta
hacia Venecia. ¡El Gran Canal! ¡Qué estado
de armónica hermosura...! Aunque poluta...

(Por cierto, que después me han informado
de que venden solares en Venecia
a precio de oro, por litro cuadrado.)

Luego nos dirigimos hasta Grecia,
que es un país que existe... por los pelos,
porque, ¡jo, cómo está! Pronto se aprecia

que está caduco, roto, por los suelos...
del año catapúm, o de la pera;
viejo, cuando eran niños mis abuelos.

Y nada más llegar, nuestro Grajera
quiso informarse: —¿Qué país es éste?
Grecia. —De nada. Y hala, a la carrera,

volvimos al avión, rumbo al oeste.
Llegamos a París. ¡Menuda villa!
¡Ciudad de luz!, les cueste lo que cueste.

Vimos donde tomaron la Pastilla
los franceses, la Tumba del Soldado
Descolorido, algo de una tetilla:

ese Museo de la Ubre, resaltado
en guías de París; aunque con esa
velocidad que vas, tan embalado,

no ves ubre ni vaca. Pepe Blesa,
un compañero jubilado, quiso
conocer Los Inválidos. —Apriesa

—dijo el guía, apremiándole conciso—,
mire usté a ese manquito que nos vamos
a ver la Torre Infiel, sin su permiso.

Y es que, viajando así, nos realizamos,
aprendemos historia y geografía,
y, poco a poco, nos culturizamos.

Yo, al verano que viene, repetía...

jueves, 23 de febrero de 2012

Afán escribidor


[Acrílico sobre cartulina © Antonio Guío]


            Al principio, al fin y al cabo un juego, resultaba sencillo. En mi primer cuaderno de pastas de hule acumulaba versos dictados por las voces de todas mis lecturas, reunía poemas (o a mí me parecían) y aquellas manchas sobre el papel me provocaban un vivaz entusiasmo; rara vez impotencia. Y así, día tras día, alzaba edificios octosílabos; residencias también en verso blanco donde instalaba afán de trascendencia y ese impreciso dolor adolescente… Más tarde, el pueblo construido sin orden ni concierto en mi cuaderno fue quedando en ruinas. De cuanto alcé desde la sed de mi inconsciencia sólo quedó la voluntad del humo. Fue entonces cuando supe que el juego no era un juego, que en él cabía la vida. Que las palabras queman. Y cortan. Y hacen daño. Pero también alivian, alimentan, rescatan. Supe que elegir cada una, a modo de mampuestos, no es algo baladí. De ahí vino también esa obsesión, casi reverencial, por el silencio.

miércoles, 22 de febrero de 2012

La vida pasa




           Ando boto últimamente cada vez que me enfrento a la página virgen. Ella está ahí, virtual, inmaculada, como una isla de sal en medio de un océano Azul-Microsoft office 2007, aguardando a que yo, desde el otro lado del espejo, la salpique de juegos y palabras; la emborrone con oraciones iluminadas, encintas de ingenio y perfección. Y, sin embargo, la mayor parte de las veces, lo más que consigue de mí es una densa espera en forma de silencio: mi mirada fija en su blancor; mis dedos, en posición descanso, ante cada una de las teclas con las que, por método y ya costumbre antigua, maridaron un día. Mientras tanto, al mismo tiempo que clavo mi mirada en ese punto indefinido en el que —ya lo sé— no encontraré la inspiración, la mente se agita como si dentro de ella alguien —acaso el escritor con que a veces sueño y que nunca me habita seriamente— pusiera en marcha una enrevesada maquinaria a través de la cual las ideas, ordenadas y estrictas, surgieran limpiamente para irse acomodando, una tras otra, en el páramo blanco que me aguarda. Pero la mente no siempre funciona con la precisión y efectividad necesarias. Es más, la mayor parte de las veces, tal mecanismo da vueltas y vueltas a un mismo punto; viene y va; se dice y contradice; alimenta vías que, pasado un tiempo prudencial, se cierran con la misma facilidad con que se abrieron. De este modo el tiempo pasa sin un verso que justifique el afán mío; sin un relato capaz de proponer una mínima tesis sobre esto o aquello; sin un personaje que, nacido en medio de la nada, esté dispuesto a rodar con vida propia. En ocasiones es tanto el empeño y tan nefastos los resultados, que echo de menos esa cuartilla de papel a la que arrugar con rabia y tirar después a la basura.
Quizá olvidarse de todo por un tiempo, salir a pasear bajo la caricia suave del sol del mediodía y dejar que la imaginación se mueva a su albedrío sea una buena forma de volver con más clarividencia ante la página. Por ver si ello es así, guardo este texto, cierro el ordenador, salgo a la calle…
            Este blancor en el que aún me miro recogerá después —sólo quizá— los resultados.  Y, mientras pienso en escribir, la vida pasa.

domingo, 19 de febrero de 2012

¡Laso!

[De la edición digital del diario as]    

          Sí, Llull muy bien; Carroll, muy bien; Suarez, muy bien. Y Belic, y Mirotic, y Felipe...; todos. Pero, ah, Laso, ¡cómo ha estado Laso! Si he disfrutado viendo cómo el equipo de mis amores, sección Baloncesto, se imponía al máximo rival en una final, después de tropecientos años, con un juego soberbio, puedo decir que mi gozo ha sido mayor al comprobar el estado de gracia de su entrenador al plantear y llevar el partido. Lo he disfrutado, y mucho. Entre todos lo han conseguido. Pero me quedo con Laso.

sábado, 18 de febrero de 2012

Escribir

[Costa Mediterránea © C. Elvira]]



Escribir es dejar en el espejo
de la página en blanco la mirada
que nos lleva a las cosas,
es trazar coordenadas
capaces de orientarnos en nosotros,
es amasar amor con las palabras,
y salir a soñar a la intemperie.
Y, a veces, es llegar
a paraísos que se intuyen
aun más allá de voces y silencios. 

viernes, 17 de febrero de 2012

Orígenes


[Imagen tomada del blog: http://pirineosrutasyflora.blogspot.com] 


En las piedras, escrita, la lengua de las olas;
escritas las pisadas y los cuerpos del alba.
Así nos alimentan y nos hablan
desde su ayer arcano.
La luz horada las aristas
del pedernal… Y el viento
aproxima palabras que olvidamos un día.

jueves, 16 de febrero de 2012

Tú ya sabes


[Pieza de orfebrería inca]

El tiempo se desliza
tras la corriente
que el propio tiempo traza
evanescente.
Y así, de pronto,
a un año sigue otro
nuevo y redondo.

domingo, 12 de febrero de 2012

De Adán y verbos

[Naturaleza muerta con libros. Fernando Botero. Óleo sobre lienzo. 1999]

                               A Elías Moro, por sus Palíndromos poéticos.

Adán sobre verbos nada.

sábado, 11 de febrero de 2012

Paréntesis




            Qué tercas se me niegan las palabras. Con qué insistencia se resisten al conjuro de mi voz, que acaba por volver al silencio, a la contradicción, al desasosiego. He de cambiar entonces de estrategia, olvidarme de ellas, darles la espalda. Sin embargo, no por eso me alejo, sino que las convoco en las voces de otros, en renglones de luz que me acompañan, en la belleza exacta de quienes, elegidos, las reciben gozosos. Así, al cabo del tiempo, congraciado con ellas, me acerco a sus orillas, alzo mi campamento entre las voces, y a veces, sólo a veces, vuelvo a verter en ellas mi alegría, mi tristeza, mis dudas y mi vértigo. Digamos que entonces congeniamos nuevamente. Hasta que otro paréntesis de frío venga a trazar distancias entre ellas y mi voz.

lunes, 6 de febrero de 2012

En ese instante





Indescriptible signo, éste que vuelve
de mano de tus manos
cada vez que renuevas la magia del amor.

En ese instante,
único en que se para el universo,
asomado a la cima más extensa del mundo,
me sumerjo en las aguas
de donde surge cálida la vida
y asciendo al infinito, al mismo origen
en que Dios fue creado.

Y esa fugacidad, hecha misterio,
me reconstruye, libre, frente al mundo.