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lunes, 31 de diciembre de 2012

Feliz 2013




[Imagen tomada de http://espanol.torange.biz]



            Con los que aguardan signos de luz en medio de la sombra. Con los que habitan las esquinas de la desolación. Con los que lloran porque el alba no llega. Con los que se alimentan de esperanza. Con los que luchan cuando todo es derrota en derredor. Con los que cantan para espantar la muerte. Con aquellos que ignoran que los canto. Con todos los que muestran su buena voluntad. Contigo, que me escuchas. Contigo, que me lees. Contigo, que no sabes que soy. Contigo, que me encuentras ahora. Con vosotros, quiero encender la llama que abraza el nuevo día, la llama que abraza el nuevo año, la llama que nos procura luz cuando la noche es tanta.     

domingo, 30 de diciembre de 2012

Alcachofas con calamares (*)




[Imagen tomada de la página Hogarutil.com]



Son mi debilidad las alcachofas.
Por eso os dejo, con sabor a mar,
un guiso con canela y calamar
para el que necesito cuatro estrofas:

Desnuda la alcachofa de vestidos
que endurezcan su piel, se la chorrea
con lluvia de limón y se trocea.
Se reserva junto a los elegidos

calamares. Cortamos en juliana
cebolla en cantidad... y a la sartén.
Y cuando la cebolla ya está bien
dorada, se incorpora la huertana

verdura, el calamar, un blanco vino
y un palo de canela. A fuego lento,
se cuece hasta que quede el alimento
tierno, jugoso, confortante y fino.



(*) La receta original, aquí

sábado, 29 de diciembre de 2012

La espera





            Aguardaba aquel hombre la llegada del otro. Y el otro no llegaba. Salía a esperarlo cada día a la puerta, atento al más mínimo signo que pudiera alertarlo de su proximidad. Y el otro no llegaba. Pasó un año y otro y muchos más, pasó toda una vida. Y el otro no llegaba. Cuando el otro llegó pudo reconocerse en su cadáver.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Vuelta al silencio





            Vuelvo al silencio. Y desde éste regreso a la escritura. A ella me entrego mientras me pregunto el porqué del silencio; aún más: el porqué de ese vacío que parece ocuparme en ocasiones, cuando las palabras se niegan (se me niegan) y yo deambulo buscándome del presente al pasado, sin acabar de comprender de quién es esa imagen que se burla de mí y me contempla, cínica, al tiempo que yo escribo desde el fondo impreciso de algo que llaman alma.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Dos patitos



Los dos patitos
que llaman a tu puerta. 
quedan escritos: 

Un dos y un dos
no son cuatro, que suman
hoy veintidós.


sábado, 22 de diciembre de 2012

Los otros christmas






Quienes de verdad mandan,
aquellos que controlan el rumbo del planeta,
los que mueven el mundo
con la frialdad del número y los ojos
vacíos, los que miden,
contratan y despiden, los que crean
necesidades siempre innecesarias,
los que viven
al otro lado de la gente; esos,
no nos vengan ahora con sus christmas
de Navidad y sus palabras hueras,
con sus mensajes institucionales.
Sabemos quiénes son y lo que quieren.
No nos vengan ahora con dulces falsedades.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El alcaller (*)



 [Cerámicas © Jesús García Martín]
Giraba el torno lentamente, y las manos del alcaller, acostumbradas al tacto del barro, modelaban la pieza con precisión y oficio. Se alzaba la arcilla con sorprendente ligereza, y lo que apenas antes era una masa roja y húmeda, tomaba forma de ánfora, grácil y delicada. Desde la puerta, sin atreverme a entrar, miraba al hombre con asombro. Miraba sus manos, el imperceptible rumbo de sus dedos, que mandaban en el corazón silente del barro. Admiraba su magia. Él terminó de perfilar un asa, la unió al cuello del recipiente, limpió el barro sobrante: concentrado en sus gestos, como si la mínima distracción fuera a arruinar el resultado final de aquel trabajo. Al verme,  me invitó con una sonrisa a que me aproximase. Lo hice, aun contradiciendo las recomendaciones dadas por mi tío, quien en aquellos momentos cerraba con el contable algún pedido de cántaros, vasijas, platos...
            —¿Te ha gustado? —me preguntó, refiriéndose al milagro del barro al que acababa de asistir— ¿Te gustaría hacer tu propia taza?
            Mis ojos debieron de iluminarse mientras una sonrisa acudía a mis labios. “Sí”, le dije; impaciente ya porque me dejara maniobrar en el torno y mancharme las manos. Entonces, el alcaller, tras aclararse las suyas en una lata que tenía al lado, me sentó en sus rodillas, luego cogió una porción de barro que amasó ligeramente y depositó en la rueda. Tomó mis manos entre las suyas, las acercó a la arcilla y comenzó a dar al pedal con su pierna derecha. Noté cómo aquella piel rojiza se pegaba a la mía y, enseguida, cómo tomaba forma, obediente al dictado de mis dedos niños. Fue entonces cuando mi tío, en compañía del contable, se asomó al taller.
            —¿No te he dicho que no molestaras? —me recriminó.
            —Va a ser un buen artesano —respondió el barrero—. Se le ve en las manos.
            Hoy, muchos años más tarde, pienso en aquel alcaller y en su afán de perfección. Yo sigo levantando el barro.





(*) Para Alfredo J. Ramos, porque tiene razón al afirmar la belleza de esta palabra, alcaller; para que no se pierda.