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martes, 1 de enero de 2013

Poema triste








En esta tarde fría de postrero diciembre,
mientras corren las horas al encuentro de enero,
en mi cuarto en penumbra, aplicado en la urdiembre
de un íntimo inventario, observo el aguacero.
La lluvia en los cristales cifra melancolía
y una tristeza antigua que sabe el corazón.
La misma que en mis versos otro tiempo solía
latir desordenada hasta la desazón.
Sin embargo, esta tarde mi tristeza no viene
de desazón alguna, tampoco del cristal
donde la lluvia escribe, ajena a toda higiene,
palabras arrancadas a un tiempo cenital.
Si los versos que escribo destilan la tristeza
de las tardes de lluvia, no es por la lluvia misma.
Es que en ellos respira la implacable certeza
de ausencias dolorosas donde la luz se abisma.

2 comentarios:

  1. La ausencia está porque forma parte de nuestra identidad; pero esa ausencia también se va llenando con vivencias nuevas. Un abrazo cordial y compartido para que el año venidero no rezume tanta melancolía.
    Saludos desde Rivas.

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    Respuestas
    1. Tienes toda la razón, José Luis. Vivas en la memoria, las ausencias también dejan pasos a la vida, que sigue pese a todo.

      Un fuerte abrazo.

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