Rastros (Busca por aquí cualquier entrada con palabras-clave):

miércoles, 6 de febrero de 2013

Crónica (con retraso) de una lectura de poemas

[Pepe Pulido en un momento de su lectura]



            Como ya anuncié aquí, el pasado jueves leyó poemas José Pulido —Pepe, para los amigos— en la Galería Cerdán de Talavera de la Reina. A uno, accediendo encantado a los deseos del autor, le correspondió su presentación, que puede leerse más abajo. El acto, con una duración aproximada de una hora, fue ameno y provechoso, y en él el poeta hizo un recorrido por su obra impresa para terminar regalándonos algunos poemas inéditos.
            Al finalizar la lectura, el Alcalde de Talavera, Gonzalo Lago, presente en el acto, destacó la importancia del Aula de Poesía Joaquín Benito de Lucas —financiado por el Ayuntamiento, y que, al compás del siglo, alcanza este año el décimo tercer curso—, asegurando que mientras él continúe en el cargo, y a pesar de lo ajustado de los presupuestos, se seguirá celebrando.
A continuación, mientras el poeta firmaba libros, los asistentes pudimos departir al tiempo que degustábamos una exquisita zurra, detalle de los anfitriones, Sara y Manolo.  
La prensa local, más concretamente La Tribuna de Talavera, recoge así la noticia.

MI PRESENTACIÓN:

Antes de entrar en materia respecto a la poesía de José Pulido, a quien tendremos el placer de escuchar esta noche, me gustaría apuntar muy brevemente un par de recuerdos, por cuanto sitúan nuestra amistad y el descubrimiento mutuo como entusiastas de la poesía.
            Mi primer recuerdo de Pepe debe de datar del año 74 ó 75 y está asociado al baloncesto, deporte que tanto él como yo practicábamos por entonces. El baloncesto facilitó nuestro encuentro, y a partir de ahí establecimos una relación que, a cuenta de la poesía, sigue fortaleciéndose. Mi segundo recuerdo lo sitúo en los Jardines del Prado, con alguien devolviéndome un pequeño cuaderno de poemas que yo le había dejado para leer; Pepe, presente, me confesó que él también escribía, y que, entre sus poetas de cabecera, estaba Pablo Neruda. Apunto este dato porque me parece interesante; no en vano la poesía de José Pulido, más allá de la exuberancia, riqueza de imágenes y metáforas, o la identificación con la tierra, propias del poeta chileno, comparte también con éste una mirada cósmica y solidaria que se prolonga a lo largo de toda su obra.
Fue por entonces cuando, con más entusiasmo que rigor, sacamos una revista de poesía, Indicios, tirada a multicopista. Allí, un grupo de amigos, entre los que también estaban Sagrario Pinto y Alfredo J. Ramos (éste, ya con un accésit del Premio Adonais en su poder), mostramos por primera vez nuestros versos a lectores desconocidos y, no me cabe duda, debió de ser semilla que alimentara nuestro afán por continuar enfrentándonos a la palabra.
            Dicho esto, ¿quién no conoce en nuestra ciudad a José Pulido? Creo que no haría falta apuntar que nació en Jaén, si bien desde su infancia, y hasta que se afincó en Ávila, vivió en Talavera; que es licenciado en Ciencias de la Información y hombre de radio: siempre en Radio Nacional de España, cuya emisora en la ciudad de Santa Teresa dirige actualmente.
Como poeta tiene publicados cinco libros, de los que me ocuparé a continuación, y también figura en el libro colectivo Adónde irán mis nuevos sueños, editado por la Universidad de Salamanca para recoger los poemas leídos en el XII Encuentro Iberoamericano de Poetas que se organizara en 2009 en esta Universidad. Forma, además, parte del Consejo Editor de la Revista Literaria El Cobaya, financiada por el Ayto. de Ávila, y colabora en la organización de Los Miércoles de la Poesía, en el aula José Hierro, que dirige el poeta José María Muñoz Quirós. Participa también en la organización de la Ronda Poética a la Muralla, recitales de poesía que se hacen en verano ante las distintas puertas de la Muralla de Ávila. Perteneció al desaparecido Grupo La Tribu, que durante su existencia en la ciudad castellana desarrolló una importante labor de difusión, tanto de la obra poética de sus componentes como de otros autores clásicos y contemporáneos.
Su primer libro, Donde se escribe el silencio, aparece en 1983, dentro de la Colección Cuadernos de un vate pobre, que en ciclostil y de manera artesanal se edita por entonces en Talavera. Se trata de un poemario denso y, me atrevería a decir, escrito con las tripas. Un libro donde, a los sentimientos más íntimos del autor, se suma su afán solidario frente a la dura realidad del mundo. Y flotando sobre todo esto, la presencia alargada de la Muerte (donde se escribe el silencio) como la otra cara inseparable de la Vida.
            Seis años más tarde (1989) Pepe Pulido verá salir su primer libro de la imprenta tras obtener en 1988 por primera vez un accésit del Premio Rafael Morales (lo hará también en 1999, antes de conseguir el premio con Movimiento circular, en 2005). Viejos rituales (éste es el título) está concebido a partir del juego de la oca. Y el Tiempo, en esencia, viene a ser el gran protagonista de esta entrega; un tiempo que, como se apunta en la solapa del poemario, es un camino transitable en todas direcciones, que se anda y se desanda, que se crea y se destruye al mismo tiempo. Con una estructura circular, tan del gusto del autor, cada una de las secciones que conforman el poemario viene precedida de una sentencia del famoso juego; así, De oca a oca, De puente a puente me lleva la corriente, Me detengo en la posada durante dos jugadas, De dado a dado y tiro porque me ha tocado... Sentencias que no son en absoluto gratuitas, sino que abren camino a los poemas de cada uno de los capítulos que, subrayando la última intención del arcano juego, dan, más allá del jardín que sigue a la muerte, en un renovado comienzo: siempre empezar, es la sentencia que precede al último poema de este libro.
En 1999 consigue su segundo accésit del Rafael Morales con La ciudad y la reina: canto enamorado a la ciudad donde transcurre buena parte de su vida. Una lección de historia en torno a la fundación de Talavera, sus mitos, sus habitantes; un canto a sus piedras, a su río, a su luz...; siempre, visto desde la mirada única del poeta y, todo ello, fundido con su propia experiencia personal. Diría que La ciudad y la reina coincide con esa idea poética que tiene como protagonista a Talavera, compartida con la talaverana de su misma generación, Sagrario Pinto, y que, por supuesto, está mucho antes en la poesía de Rafael Morales y, a mi juicio con más intensidad, en la de Joaquín Benito de Lucas.
2005 es un año de excelente cosecha para el poeta: publica El corazón disperso (núm. 32 de la colección El toro de granito, que edita la Obra Cultural de la Caja de Ahorros de Ávila) y obtiene el Premio Rafael Morales con Movimiento circular. Ambos libros vienen a certificar la solvente madurez del poeta. Su voz, sin dejar de entroncar con títulos anteriores, eleva aún más el vuelo y se proyecta como una forma plural de conocimiento; plural, en cuanto a que se abre al mundo, a la vez que indaga en ese ser disperso que es cada hombre: unidad de múltiples rostros que aquí —me refiero a El corazón disperso— queda fijada en la última parte del poemario, Icosaego, o, como yo me permitiría definirlo: veinte miradas alrededor del yo.
Por último, Movimiento circular es la crónica de un viaje de ida y vuelta: un viaje interior a través del cual el poeta vuelve a asomarse al mundo para diseccionarlo desde una variedad de voces que abarcan desde su infancia —a la que regresa en el poema Patria de tiza: El precio de la vida fue el dolor, dice en élhasta su más inmediato presente. En ese trecho: la presencia de la madre, del amigo desaparecido, de los hijos, de libros y películas imprescindibles... Pero también la afirmación de una posición ética ante la realidad del mundo: así, en el poema Zona cero, donde se hace referencia al atentado de Las Torres Gemelas, de Nueva York, o en Grial, donde se denuncia una realidad que jamás desaparece... El poeta, de este modo, hace suyas las voces de quienes no tienen voz, mostrándonos nuestro tiempo desde diferentes perspectivas.
Decía que este libro es la crónica de un viaje de ida y vuelta. Lo es cuando la mirada del poeta, en los últimos compases del libro, regresa nuevamente a la infancia: Vuelvo hacia la esquina / en que una solitaria bombilla marca / el luminoso círculo del juego / donde un grupo de niños fabula sus asuntos. dice en El sueño de Ícaro. Y, como todo viaje, también supone un camino de conocimiento, aunque éste no sea siempre amable: Hubo un tiempo en que todo pareció posible y creí que cambiaríamos el mundo, seríamos mejores que nuestros padres, admite en Capitulación (penúltimo poema), para acabar asumiéndose en diferentes personajes: enfermo de fibrosis quística, maestro de artes marciales, odontólogo en Florida, electricista de la CNT asesinado tras la guerra civil... y situándose —como bien dice Carlos Aganzo en la solapa del libro— en el ser colectivo de esa marea infinita que, en palabras de Jung, empuja al hombre al canto general de estirpe nerudiana. (Nuevamente, Neruda.)
          Como no deseo que mi presentación se extienda más de lo preciso —a fin de cuentas esta noche hemos venido a disfrutar de la palabra de Pepe Pulido—, les dejo con él. 
              Pepe, bienvenido a tu casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario