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martes, 12 de febrero de 2013

En Yuste. Un cementerio.



[En el cementerio alemán de Yuste 11-02-2013 - © .C. E.L.]



Al principio, la Muerte
quizá no imaginara que en el pueblo
en el que hace unos siglos
se retirase un viejo emperador
a enfrentarse con ella
vendría a levantarse un cementerio
en donde descansaran
los restos de soldados alemanes
muertos lejos de casa.
En medio del silencio, en formación
—sus nombres extranjeros
escritos en un mármol sobrio y negro—,
reposan para siempre.
El silbido del viento en las encinas,
el canto del jilguero,
las nieves del invierno y ese fuego
que azota en el verano,
acompañan, ajenos, la memoria
de los cuerpos que abonan
tan silenciosamente el camposanto.
Viajero, tú que llegas,
contemplas el lugar y luego pasas,
no olvides que si existe
un cementerio así fue porque un día,
fruto de la locura
que agita las entrañas de los hombres,
vino la Muerte a alzarse
tan caprichosamente sobre ellos.
Prosigue tu camino,
y vuelve alguna vez para llorarlos.

2 comentarios:

  1. Palabras profundas dentro de un poema arrollador.
    que bien lo haces y nos lo muestras.
    Un fuerte abrazo.

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    Respuestas
    1. Gracias, Paco, por tu cercanía y generosidad.
      El poema, como quizá hayas podido apreciar, ha sido ligeramente modificado desde que lo subí al blog. Me temo que, en esta ocasión, me faltó algo de reposo y perspectiva antes de ponerlo a andar solo.

      Un fuerte abrazo.

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