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viernes, 22 de febrero de 2013

Peaje



 [Imagen tomada del blog "A deshoras"]

            Aún faltan un par de horas para que amanezca, y, sin embargo, el insomnio lo tiene en jaque desde hace rato. Por más que cambia de postura —a izquierda, a derecha, de espaldas, bocabajo— el sueño se empecina en no llegar. De cuando en cuando, oye el ruido de un motor en la calle, el ladrido de un perro, las voces de algún trasnochador. Y, mientras tanto, la cabeza dándole vueltas a todo, sin orden ni concierto; saltando de un tema a otro sin transición ni sentido. Cuando la angustia comienza a ser realmente insoportable, sin llamarlo, sin esperarlo, un verso se le muestra transparente; un verso, el comienzo de un poema que habrá de construir desde ese regalo de los dioses. Se levantaría con urgencia para escribirlo, para escribir, pero teme despertar a su esposa, que, junto a él, acompasa su respiración en sosegada calma. Una y otra vez se repite esas pocas palabras para no olvidarlas: en verdad son bellas, se dice. Las repite, repite, repite... Y entonces, derrotado por el cansancio, siente que todo su ser se relaja hasta caer en la más agradable lasitud. Así, termina por sumergirse en un lago sereno, hospitalario, donde se balancea leve y libre; donde domina el sueño. Como peaje, sin embargo, olvidará la belleza de ese endecasílabo que jamás trasladará al papel.

4 comentarios:

  1. Me ocurrió más de una vez, por eso creo que uno escribe mejor entre el sueño y el insomnio. Debería tener un lápiz a mano. Nada más.

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    1. No sé, Alicia; más allá de esos fogonazos o fulgores que puedan llegarnos en tales ocasiones, creo que la mente debe estar lejos del sueño para saber discernir el grano de la paja. Gracias por la visita.

      Saludos.

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  2. Real como la noche misma. Estos peajes ¿no serán ofrendas necesarias, una forma de devolver a los dioses del azar y la música sus gracias? Aunque quizás nada se pierda. Tal vez ese hallazgo que se nos escurre entre las nieblas del sueño llegue a la mente de otro insomne listo ya para su "uso".

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    1. Acaso sí, Alfredo. Quién sabe. Lo malo es la cara que se le queda a uno al despertar, cuando no hay ni rastro del fulgoroso endecasílabo.

      Un abrazo.

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