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miércoles, 13 de marzo de 2013

De vez en cuando, un verso.





De vez en cuando, un verso.
Acaso un fogonazo de delirio
que impacta en las pupilas
y me quema por dentro.
Un verso; un solo verso.
Después, el artificio, la medida,
el orden de las sílabas, el son.
Y entre tal estructura, un pedacito
de aquel que fui o soy, del que seré
sin aguardar siquiera su llegada.
De vez en cuando, un verso.
Después, nada.

2 comentarios:

  1. Estupendo poema, Antonio, el oficio de escribir nos salva del oficio de tinieblas de lo cotidiano. De vez en cuando un verso y una palmada amiga en el camino.
    Un abrazo cordial desde Rivas, mientras cae la nieve en la ventana.

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    1. Así es, José Luis. Y ese oficio, siempre (o, al menos, en ocasiones) lo hacemos a partir de un fogonazo, una iluminación a partir de la cual comienza la tarea artesanal con la palabra. Y por supuesto, esa mano amiga que apuntas, siempre tan necesaria.

      Un fuerte abrazo también para ti, con sol y frío.

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